En la misa funeral oficiada por nuestro arzobispo en la Catedral, concelebrada por sacerdotes diocesanos y con la asistencia de mil fieles, entre ellos autoridades civiles, militares y de Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Se rezó también por el consuelo de familiares y amigos, en una celebración litúrgica presidida junto al altar por la Sagrada Imagen de la Virgen del Amor y el Trabajo, de la Hermandad de los Ferroviarios, vinculada al gremio que ha golpeado la tragedia.
En una catedral repleta de fieles -hasta mil, según el aforo del templo-, con la asistencia de autoridades civiles, militares y de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, se celebró en la tarde de ayer miércoles la Eucaristía funeral en la Catedral, para rezar juntos por el descanso eterno de los fallecidos en el tren accidentado en Urda (Toledo).

Granada se volcaba así con el dolor de familiares y amigos que lloran la pérdida de vidas en el accidente de tren y rezaba por el descanso eterno de los fallecidos, con la confianza de que la muerte no es el final y les espera la vida eterna. También se rezaba por el consuelo de Dios a los familiares y por la recuperación de los heridos.
Distintas autoridades civiles y militares, así como Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, asistieron a la misa funeral, entre ellas la alcaldesa de Granada, Marifrán Carazo, y el presidente de la Diputación de Granada, Francis Rodríguez, así como senadores y diputados granadinos, delegados provinciales y concejales. También los responsables del MADOC y del Ejército de tierra, Policía Nacional y Guardia Civil de la Comandancia de Granada.


La misa funeral fue oficiada por nuestro arzobispo Mons. José María y concelebrada por numerosos sacerdotes diocesanos, entre ellos el Vicario de Pastoral y Capellán Mayor de la Capilla Real, D. José Carlos Isla Tejera, el deán catedralicio, D. Eduardo García López, y el deán de la Abadía del Sacromonte, D. Antonio Fernández Siles. Junto al altar, presidía la Sagrada Imagen de la Virgen del Amor y del Trabajo, titular de la Hermandad de los Ferroviarios, muy vinculada a este gremio en el que ha golpeado la tragedia.
“Pidámosle a la Santísima Virgen del Amor y el Trabajo que está aquí, de la Hermandad de los Ferroviarios, para que Ella, con su manto nos ayude, nos proteja, nos cuide. Sabemos de nuestra Virgen de las Angustias ante su Hijo… En ella y en Él están representadas las angustias, todas nuestras, pero también las de nuestro pueblo de Andalucía, las de nuestra Patria”, señaló nuestro arzobispo en sus palabras durante la homilía.
“Pensemos y recuperemos la esperanza. Las víctimas nos reclaman esa esperanza. Desde la verdad, desde la memoria en la verdad y en la responsabilidad. Nos reclama una España mejor, un mundo mejor. Y esto es lo que tenemos que poner”, subrayó.
Mons. Gil Tamayo recordaba la “época de sufrimiento en nuestro mundo”, al que “por desgracia, nos acostumbramos y pasamos después en esa sucesión de noticias a otras como si estuvieran lejanos, incluso en otra galaxia”. Un dolor que hemos vuelto a experimentar en este accidente en Urda, con la pérdida de vidas, que nos vuelven cercanos a quienes sufren el dolor y nos hermana a ellos: “Cuando nos toca por la cercanía, ese sufrimiento y ese dolor… Ese hermanamiento hacia con nuestros semejantes, con nuestros iguales, con nuestros paisanos, con nuestros amigos, con nuestros familiares, se nos pone esa cercanía mucho más viva”, indicó.

En sus palabras, D. José María también recordaba la anterior tragedia ferroviaria en Adamuz y los terremotos sufridos en Granada, que recordaban nuestra fragilidad. Apelando a la responsabilidad “de quien tiene que examinar en qué hemos fallado”, llamaba a “la concordia, a la unidad, a darnos la mano unos con otros para sobreponernos, para no pasar las páginas, para que en nuestro calendario tengamos una nueva fecha de la paz”.
HOMILÍA DEL SR. ARZOBISPO EN LA MISA FUNERAL, 4 DE NOVIEMBRE DE 2026
