Homilía del arzobispo de Granada, Mons. José María Gil Tamayo, en la Eucaristía celebrada en la Capilla, en el Día de la Hispanidad y Virgen del Pilar, el 12 de octubre de 2026.
Querido subdelegado del Gobierno, don José Antonio;
queridos representantes de la Corporación Municipal del Excelentísimo Ayuntamiento de Granada;
Coronel jefe de la Comandancia de la Guardia Civil;
queridos hermanos todos;
autoridades;
presidente de la Federación de Hermandades;
miembros de las Hermandades y Cofradías de Granada;
y antes, queridos sacerdotes concelebrantes:
Vamos a celebrar esta fiesta nacional con esta celebración eucarística y hacerlo en este marco de la Capilla Real de Granada, tan ligada a la historia de nuestra Nación. Precisamente, hoy es un día para orar, como os decía, por nuestra Nación, por España. Los historiadores no se ponen de acuerdo al origen de nuestra Nación; unos lo ponen en la conversión de Recadero, del Rey Visigodo, y la unidad por el Concilio de Toledo de todos los pueblos de España en la fe católica. Otros ponen el nacimiento de nuestra Nación y la gran eclosión con la Toma de Granada y, precisamente, del matrimonio y la política de los Reyes Católicos que aquí reposan.
Sea como fuere, somos un pueblo antiguo. Y en este día en que dirigimos la mirada al Pilar, en que la Tradición nos pone en la aparición de la Virgen, como dice la Tradición, en carne mortal, al apóstol Santiago, animándole a la evangelización de España, hay dos ideas que recalcar, y es la inseparabilidad de nuestra cultura, de nuestra manera de entender la vida, que eso, al fin y al cabo, es la cultura, nuestra manera de entender la muerte, las relaciones familiares, el amor, el trabajo, nuestra vida personal y social, lo que conforma nuestro ADN personal y colectivo; lo que hemos expandido por el mundo en una conquista, pero también y, sobre todo, en una evangelización que ha dado lugar a una cultura que hoy la llaman Hispanidad, como en la primera veintena del siglo XX, con Joaquín Costa, la hispanidad y otros autores. Pero, ¿qué hay detrás? Detrás hay Grecia, hay Roma, hay cristianismo, hay Biblia, hay la fe de un pueblo y hay una cultura entretejida por esas culturas y por esa manera de ser de cada pueblo que conforma esta nación antigua, pero que es la nuestra, es la querida por todos.
Hemos pasado momentos de dificultad a lo largo de la historia, incluso algún autor llama a España “mater dolorosa”. Pero, es verdad, somos un pueblo grande, hemos hecho cosas grandes y ese orgullo es el que tenemos que recuperar. Pero no un orgullo de dominio en esta época que como también llamaban los pensadores, entre ellos fundamentalmente Ortega en los años 20 del siglo pasado, no debe ser la época de los “cirujanos de hierro”, no debe ser a pesar de las corrientes autárquicas un imperio del que más puede, el que más tiene, el que más tecnología posee, sino el imperio de la ley, el respeto de las libertades, de los derechos fundamentales, iluminado en nuestro caso por las conquistas de la civilización cristiana en el respeto a la dignidad inalienable de la persona humana y, lógicamente, por el alma de este pueblo.
Entonces, en esta fiesta en que miramos a la Virgen y que forma parte inseparable de nuestra alma, de nuestro ser de España, como nos cuentan los Hechos de los apóstoles, que perseveraban en la oración con María, la Madre de Jesús, que nos la entrega Jesús en la cruz y acoge como hijo al discípulo amado, la recibió como algo propio. María forma parte de la entraña de nuestro pueblo. No hay pueblo en que no haya ermita, que no haya una advocación a la Virgen y por encima de todos los nombres que son el de una única madre, por encima de todo se tiene que el Pilar de Zaragoza como el emblema de la patrona de España.
A Ella, y por intercesión de ella, mejor dicho, le hemos pedido al Señor, le hemos pedido esa fortaleza en la fe. El otro día la misa de la Guardia Civil tomaba pie de esta oración colecta para decir que la fortaleza nos hace falta, pero no para el imperio del más fuerte, sino para saber sobreponernos las dificultades, para no amilanarnos, para no dejarnos llevar por una mentalidad terrorista. Fortaleza en la fe. Esa fe que no se ha de quedar en unos postulados teóricos o no se ha de quedar solo en la envoltura de unas fiestas o simplemente en el recubrimiento de una religiosidad popular que esté vacía de conocimiento y de devoción auténtica, sino que ha de ser una fe transformadora, una fe que nos cambie como ha cambiado la historia y la ha conformado. La hemos llevado a multitud de pueblos en todo el Nuevo Mundo y en Oriente, en Filipinas y en tantos países de Asia. Esa fe pervive hasta el punto de tener una comunidad de lengua y una comunidad de cultura y, sobre todo, una comunidad de fe. Y desde el punto de vista cristiano, se reza en castellano. Es la parte más importante de la Iglesia católica.
Pero, eso no es sólo una cuestión de pasado. Esa fe la hemos de vivir ahora y aquí ante los problemas que tenemos, porque es una fe iluminadora. No es una fe en conserva, no es una fe de vestigio, no es una fe de explicadera simplemente de una arqueología sagrada, sino es una fe que se hace plasmar la vida de los hombres y mujeres de nuestro pueblo, de las familias, de atención y que crea una civilización que tiene consigo también, como lo hemos pedido, esa perseverancia y esa seguridad en la esperanza.
Vivimos en un mundo enormemente triste, en un mundo pesimista, en un mundo sin niños, sin hijos, en un mundo que se tiene miedo al futuro y se tiene incertidumbre. La tienen los jóvenes en su futuro. Su trabajo, incluso cuando lo consiguen, no da para vivir, sino para sobrevivir. Cuando somos conscientes de que faltan viviendas, claro que sí, faltan. Somos conscientes de que hay desigualdades sociales, las hay en nuestra propia ciudad. Somos conscientes, sí, estamos mejor, pero no estamos bien del todo. Hay brecha, hay personas que se quedan atrás, hay colectivos que están insignificantes en la sociedad. Entonces, nuestra fe tiene que dar esa seguridad de la esperanza a mucha gente. No podemos quedarnos solo ensimismados en un individualismo fruto del egoísmo, personal o colectivo, del interés propio, sea personal o sea de partido, sea de colectivo o sea de componendas.
Queridos amigos, vivimos en un momento crucial en que necesitamos también esa constancia en la caridad; en la caridad que se llama solidaridad, que se llama servicio, que se llama entrega, que se llama bien común, que se llama pensar en los demás, que se llama pensar en plural. No solo por las diferencias, sino también porque abarca en un nosotros, sin nacionalismos excluyentes, a todos, con un interés que no es el de razas, con un interés que no es el de ismos, que nos separan a unos de otros y levantan barreras. En este día de la nación española es para invocar, sobre todo, la unidad; la unidad que aquí tenemos el descanso de sus protagonistas en gran parte. Unidad que es costosa, que supone la renuncia a lo propio en aquello que no constituye lo esencial. Unidad la que vivieron nuestros mayores en la Transición española, unidad que nos lleva a no levantar barreras de unos contra otros, de azules contra rojos, de rojos contra azules, o como decía nuestro gran pensador Unamuno, los hunos con H contra nosotros.
No podemos caer en eso. Y estamos viviendo un momento difícil, que exige serenidad, que exige paz, que exige concordia, que exige entendimiento, que exige diálogo, que exige dejar las exclusiones, que exige dejar fuera los practicismos y de aprovechamientos para conseguir un mejor posicionamiento futuro en las decisiones de los ciudadanos. Esto no es política lo que estoy diciendo, es moral. Es lo que sustenta y el Papa Benedicto XVI hablaba de los “fundamentos prepolíticos de la sociedad”, que están más allá de la simple conjunción de voluntades en un Parlamento y que son los sustratos de una ética y una moral que hace que el bien sea reconocible y apetecido, y el mal desechado y evitado.
Queridos amigos, este Día de la Nación Española tenemos que pedir por nuestro país, por nuestra Nación, por el Rey, por nuestros gobernantes a todos los niveles. Este día tenemos que pedirle al Señor que no estemos tan tensionados como estamos en las costuras de la separación de derechos, de derechos y la separación, al mismo tiempo, de los poderes, que nuestra vida discurra sin miedo y sin temor, pero, lógicamente, cuando hay justicia social, cuando hay el pensar en quienes más lo necesitan, cuando no se instrumentaliza la debilidad y se toma como bandera para la imposición, sino cuando se vuelve a la concordia del diálogo, cuando no se separa y se hacen dos Españas con la eterna cantinela que nos persigue como una mantra. Cuando todo esto lo conseguimos, volvemos a ser y somos un pueblo grande.
Vamos a pedirle al Señor que nos ayude, que falta nos hace. Vamos a pedir paz, concordia, reconciliación, tender la mano, mirar el futuro. El mundo está inmerso en problemas grandes y difíciles, en crisis en muchos lugares, en un rearme en muchas partes del mundo, y no podemos vivir creyéndonos en una burbuja, sino que esas turbulencias nos afectan también.
Queridos amigos, vivimos ya décadas de paz, de concordia, de respeto a los derechos, de libertades, no lo estropeemos. Pidamos esa concordia. Vivamos con libertad, con paz. Pidamos que la Virgen nos dé, como le pedíamos, que Ella consiga del Señor, que nos conceda esa fe, esa fe fuerte, esa segura esperanza de futuro, y al mismo tiempo esa caridad que nos hace constantes en vivir la solidaridad sin dejar a nadie atrás.
Esto es lo que pide este obispo como pastor de esta Iglesia, y al mismo tiempo con la responsabilidad también con mis hermanos obispos en España, en este día de oración especial por España. Mirar al pasado, sentirnos orgullosos de ser españoles, y al mismo tiempo buscar la concordia entre quienes creen en España, esperan en España, luchan por España, y no con caballos de troyas, de división o del aniquilamiento de este proyecto de muchos siglos, laborioso, con crisis, de un pueblo antiguo, pero al mismo tiempo de un futuro, de un presente y un futuro grande. Es lo que yo le pido a la Virgen.
Trabajemos todos, ciudadanos y autoridades, cristianos y gente que piensa de otra manera. Esta nación se merece, y en este día que pensemos En ella, y pensemos en plural.
+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada
12 de octubre de 2026
Capilla Real
ESCUCHAR HOMILÍA
