Homilía del arzobispo D. José María Gil Tamayo, en las ordenaciones diaconales del IV sábado de Pascua, en la Catedral, el 25 de abril de 2026.
Querido don Javier,
Querido don Miguel Olaverri,
Querido vicario general de Pointe-Noire,
Queridos hermanos sacerdotes concelebrantes,
Queridos diáconos,
Seminaristas,
Queridos ordenandos
Queridas familias,
Queridos hermanos y hermanas que nos seguís a través de la televisión, de las redes sociales. Especialmente desde México, Pointe-Noire, el Congo.
Especialmente un saludo a Monseñor Abel Liluala, que ha puesto esta confianza, antes depositada por don Miguel, en nuestra diócesis y acogida por don Javier. De acoger la formación de seminaristas de la diócesis de Pointe-Noire. Es para nosotros una responsabilidad y un deber de gratitud por la confianza. Y es, al mismo tiempo, manifestación de comunión intraeclesial con las iglesias hermanas. Especialmente con la Iglesia de esta querida Arquidiócesis del Congo.
Queridos hermanos y hermanas en el Señor, os decía al comienzo que es un día de alegría, un motivo de júbilo, esta celebración. Pero tengo que deciros que el rector del seminario, don Moisés, no ha dicho la verdad. No son dignos. Ninguno somos dignos de recibir el Ministerio. Lo decimos al recibir la Eucaristía, tomando palabras prestadas del centurión, cuya fe alaba a Jesús: “No soy digno de que entres en mi casa”. No somos dignos de recibir este don del Señor.
El ministerio ordenado es un don del Señor para su Iglesia. No es algo a lo que se accede por una carrera, no es algo a lo que se llega por un camino de méritos. Siempre, queridos Aarón, Venancio, Antonio, Chan Chan, Prince, Pascal… No perder esto de vista. No somos dignos. Y si el Señor nos ha dado este don, es para su Iglesia. No somos propietarios del don de Dios.
Es un don para el enriquecimiento, para la construcción de la Iglesia, para la edificación de su Iglesia. Para el servicio en el ministerio de la caridad de los diáconos, de los más pobres. Nunca se deja de serlo. Por eso el obispo hoy se viste de diácono. Porque va en la esencia del ministerio ordenado las palabras del Señor “No he venido a ser servido, sino a servir”. “Y a dar mi vida”, dice él, “en rescate por muchos”.
Queridos hermanos, tenía elegido para hoy el evangelio del lavatorio de los pies. Han proclamado el de la fiesta de san Marcos, y encaja perfectamente, porque os daré el Evangelio, del que vais a ser constituidos mensajeros.
Para que hagáis fe viva, os diré, lo que leéis. Para que lo que habéis hecho fe viva, lo enseñéis. Y para que lo que habéis enseñado, lo practiquéis, lo viváis. Para que vuestra vida sea coherente con la fe en que creéis, con el Evangelio que proclamais. Para que no haya una doble vida en vosotros. Queridos hermanos sacerdotes, queridos hermanos diáconos y candidatos, esta es nuestra vida y sois servidores.
Esa palabra que usábamos antes en español cuando nos pasaban lista y decíamos “servidor”. Y añadíamos “para servirle a Dios y a usted”. Pues para servirle a Dios y a ustedes, van a ser ordenados estos muchachos. Por eso tenemos que fijarnos en los criterios del Evangelio, los que nos pone Jesús en las enseñanzas explícitas de Jesús para sus ministros. Y precisamente el día del sacerdocio, el día de la ordenación, Jesús se pone por los suelos y lava los pies a sus discípulos.
Son ordenados, como dice el obispo emérito de Grenoble, en un librito que ha escrito, “Somos ordenados desde abajo también”. No solo con la invocación del Espíritu Santo, para que llene de sus dones, a fin de que seáis fieles, como dice la oración consacratoria del diaconado al ministerio recibido. Sino también siguiendo el ejemplo del maestro, que nos dice “¿Habéis visto lo que yo he hecho con vosotros? También vosotros debéis lavaros los pies unos a otros”. Luego, no sois jefes de nada. Yo me pongo nervioso cuando aparecen en el ámbito eclesial los cursos de liderazgo. ¿Liderazgo de qué?
¿Es una escuela de marketing, la Iglesia? No. No vendemos ningún producto. Mostramos a Jesús resucitado. Luego, queridos amigos, nuestra lógica es la lógica. Pero yo os digo, es la lógica, no así entre vosotros, es la lógica de las Bienaventuranzas. Y esa es la lógica que lleva a conformar el ministro de Jesús, el servidor, a imagen del maestro. Al discípulo le basta ser como el maestro.
“Yo estoy en la mesa como el que sirve”, nos dice Jesús. Queridos padres, queridos familiares, vuestros hijos… Yo os doy gracias por ello. También en nombre de Monseñor Abel Liluala. Vuestros hijos no van a hacer carrera. Van a servir. Van a servir. No se puede medir por unos méritos: a ver qué puesto le ha dado, a ver qué ha conseguido, a ver dónde lo ha situado, a ver cómo asciende, a ver cómo llega a Granada, a ver cómo llega a Brazzaville. No, la lógica es otra. El camino es otro, si no nos perdemos. Queridos amigos, somos expropiados.
La oración colecta de la ordenación de diáconos pide al Señor, poniendo como frontispicio las palabras de Mateo 20, 28, “No he venido a ser servido, sino a servir como maestro”.
Pone las palabras de competencia en la acción. Para ello os habéis preparado. Para servir bien, para servir con competencia humana. Profesional, de profesar aquello. Con una formación constante toda la vida, que afecta también otro tipo de formación, que es la corrección fraterna entre hermanos.
También le hemos pedido al Señor que nuestra fe sea fuerte. Que nuestro servicio, nuestro ministerio, esté realmente conformado con el de Jesús. Vais a ejercer el ministerio de ayuda al obispo. Por tanto, la comunión con el obispo, es una de esas relaciones de las que hablaba el Papa Francisco de las cuatro relaciones.
Relación con Dios, relación con el obispo, relación con los hermanos sacerdotes, diáconos. Relación con el pueblo de Dios. La relación con el obispo y con los sacerdotes no es la de vasallaje, es la de colaboración, es la de respeto y obediencia. Como vais a prometer. Pero antes, la relación con el pueblo de Dios, precisamente por Dios, es una relación de amor limpio. Celibataria. Con el celibato apostólico, que es un celibato de misión, de disponibilidad, de vaciamiento. No de ausencia de corazón.
Queridos hermanos, vais a ser ministros de la caridad. Y la caridad con un orden. Dios, los demás, especialmente los más pobres y uno mismo. No podemos saltarnos ese orden. Vais a ser ministros del altar. Con alma limpia, servir al altar.
Tenéis el cuerpo de Cristo en vuestras manos. Lo dais como alimento al pueblo de Dios. Servís la mesa de los pobres y la mesa de la Eucaristía. Pero también la mesa de la Palabra. Sois mensajeros del Evangelio. Mensajeros del Evangelio. ¡Qué responsabilidad! Por tanto, no perdáis nunca el afán evangelizador y la dimensión evangelizadora en vuestras vidas. Estamos para anunciar a Jesucristo.
Estamos para anunciar a Jesucristo. Existimos para ello. La misión de Jesús que nos ha relatado el evangelio de Marcos nos afecta. Y hoy le pido especialmente al discípulo de Pedro, Marcos, que os ayude. Y como él colaboró con el apóstol Pedro, colaboréis con vuestro obispo. Y vais a ser, en definitiva, orantes. El ministerio de la liturgia de las oras, de orar por el pueblo de Dios. Como Moisés el monte, intercediendo. Este es el pastor que ama a su pueblo, el que ora mucho por su pueblo.
La oración es identificación con Jesucristo, es adquirir la lógica de Dios. Es pasar por el tamiz de la voluntad divina nuestras intenciones, para que sean las suyas las que nos muevan y no nuestros afanes. Luego, queridos amigos, la dignidad nuestra está en servir. Sí, sois dignos. Lleváis un camino de preparación. Pero vuelvo a repetir, no os hemos hecho ningún examen con preguntas, ni tipo test ni verbal. Que Dios os juzgue, pero sabed que su ayuda nos va a faltar.
Que Santa María, la que realmente es la sierva del Señor, la esclava del Señor. Pide mansedumbre en la caridad, en el ministerio pide la oración colecta del diaconado. Pues que seáis siempre humildes, no altivos. No soy señores de nada. No somos señores de nada.
Queridos padres, familiares, muchas gracias. Queridas comunidades… Sé que estáis aquí también de parroquias, de instituciones con las que han colaborado, han servido pastoralmente los candidatos al diaconado. Os doy las gracias porque los habéis ayudando también a su formación.
Queridos Aarón, Venancio, Antonio, Chan Chan, también Prince, Pascal. La Iglesia de Granada os recibe, os acoge, os quiere. Pues, para servirles a Dios y a ustedes.
Así sea.
+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada
25 de abril de 2025
S.A.I Catedral de Granada
