Homilía de D. José María Gil Tamayo, arzobispo de Granada, en la Eucaristía del Domingo XIII del Tiempo Ordinario, celebrada en la Catedral el 28 de junio de 2026.

Queridos hermanos sacerdotes concelebrantes,

Diácono,

Queridos hermanos y hermanas,

Estamos ya en este domingo XIII del Tiempo Ordinario. ¿Y qué nos trae la Palabra de Dios en este domingo caluroso del mes de julio, pero que estamos tan a gusto en nuestra Catedral que todavía conserva el frescor? ¿Qué nos quiere decir la Palabra de Dios? Porque parecen lecturas dispares. Pero, partiendo de la segunda lectura que hemos escuchado, tomada de la Carta a los Romanos, una carta con un fuerte contenido teológico por parte de san Pablo sobre la justificación del cristiano, nos habla de la vida en el Espíritu y nos habla de lo que significa ser cristiano. De nuestra identidad, de nuestra naturaleza. ¿Y de dónde arranca? De nuestra condición de bautizados. Y es en el bautismo donde nos llega la salvación del Señor Jesús. Es ahí donde hemos renacido. Hemos nacido a la vida de la gracia. Y San Pablo utiliza palabras muy gráficas. “Hemos sido revestidos de Cristo”. “Hemos sido injertados en Cristo”. Y en este caso, en el pasaje que acabamos de escuchar, nos dice que por el bautismo fuimos sepultados con Cristo, para que, así como Él fue resucitado, también llega como consecuencia de decirnos que nosotros vivamos la vida nueva de la Resurrección de Cristo. Hasta el punto que nos dice que vivamos para Dios en Cristo Jesús.

Luego, nos está diciendo la esencia de ser cristiano ¿Qué es lo más importante que ha podido ocurrirnos? Ser hijos e hijas de Dios, ser salvados por Jesucristo, ser incorporados, ser hechos hijos en el Hijo. Ser, en definitiva, redimidos por la Pasión, muerte y Resurrección del Señor, que a través y por el ministerio de la Iglesia, nos llega en los sacramentos. Y en el sacramento inicial que nos abre las puertas de la vida cristiana, el bautismo.

Somos incorporados a Cristo. Y lógicamente, si esta es nuestra condición, exige una conducta. ¿Y cuál es la conducta que tiene que vivir un cristiano? No solo como devoción, sino como estilo de vida, como manera de ser. La doctrina de Jesucristo. Nos lo ha expresado en el Evangelio y es lo que han vivido los santos, cada uno en una época, cada uno de una condición, cada uno con una edad.

Nos han mostrado que el Evangelio es hacedero. Que la doctrina y el mensaje de Jesús en las que ellos se han fijado en determinados aspectos, es posible mediante el ejercicio de las virtudes cristianas. ¿Y qué nos pide hoy en concreto Jesús? Nos pide, ciertamente, y nos pone ese ejemplo de la hospitalidad con la que el profeta Elías es recibido por aquella viuda. Por aquella mujer, mejor dicho, que le prepara una habitación.

Aquella mujer no queda sin recompensa. Jesús nos dirá que el que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá paga de profeta. El que recibe a un justo por ser justo, recibirá la paga de justo. Pero nos dice más. Y ahí va nuestra condición de cristianos. ¿Somos profetas? ¿Estamos llamados a la santidad, a la justicia del Señor?

Pero Cristo da un paso más. El que da un vaso de agua fresca a uno por ser discípulo mío, no quedará sin recompensa. Fijaros hasta qué punto llega la identificación del cristiano con Cristo. Y, es más, Él nos ha dicho que quien le recibe a Él recibe a quien le ha enviado. Al Padre, a Dios mismo recibimos en Jesucristo. Luego, queridos hermanos, el despliegue de las virtudes cristianas, la santidad, el vivir tomando la cruz de cada día, como nos pide hoy el Señor. El poner primero a Dios, cuando nos dice Jesús que el que ama a su padre o su madre, o a sus hijos más que a él, no es digno de Él. No quiere decirnos que no amemos a nuestros padres, a nuestros hermanos… Que no amen los esposos a sus esposas y las esposas a sus esposos, sino que Dios es lo primero.

Y esto no significa que se eche a un lado a nuestros hermanos, a nuestros padres, a las esposas, a los esposos, a los hijos… Sino que se les ame con el amor de Cristo. Y el amor de Cristo, “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”. Es un amor de entrega, es un amor sacrificado. Es un amor hecho de detalles. Es un amor hecho de obras.

Jesús nos invita en nuestra identificación, que es ontológica, que es en nuestro ser por nuestra condición de bautizados, a vivir con su estilo. Su estilo de perdón, su estilo de las bienaventuranzas. Su estilo, que se resume en el amor a Dios y en la primacía de Dios y en el amor al prójimo. Pues esto es lo que se nos pide sencillamente.  

Y nos pone este ejemplo de la hospitalidad hoy. Y nos dice, en definitiva, con el dicho de san Pablo, que nuestra vida ha de ser la de Cristo. Cada uno viva para el Señor. Si vivimos, vivimos para el Señor. Si morimos, morimos para el Señor. En la vida y en la muerte, nos dirá también san Pablo, somos del Señor. Luego, esta es nuestra condición, esta es nuestra manera de ser.

Pero, queridos amigos, los demás cristianos también participan. Y en nuestros hermanos hemos de reconocer el rostro de Cristo. Por eso nos dirá y nos examinará el día del Juicio. Cualquier cosa que hagáis a uno de estos mis humildes hermanos, a mí me lo hacéis.

Vamos a pedir a la Virgen que nos ayude a reconocer a Cristo en los otros. Pero primero, reconozcamos a Cristo en nosotros. Estamos llamados a vivir un estilo de vida que nace de nuestra condición. No estamos en el cristianismo por estar apuntados a algo o por ser socios de una sociedad religiosa. Estamos en Cristo, estamos cristificados, estamos cristianados, como se decía antiguamente de los niños que eran bautizados. Vamos a vivir en consecuencia.

Y vamos a pedirle al Señor hoy, especialmente por el pueblo de Venezuela. Están apareciendo muertos, muchos desaparecidos. Tres terremotos. Dos seguidos y otro en la zona norte, en un país devastado. En un país con unas que ha vivido una falta de libertad absoluta y un enriquecimiento de los dictadores y un empobrecimiento del pueblo. Que la ayuda internacional llegue pronto. Que nuestra solidaridad, a través de las organizaciones humanitarias, especialmente Cáritas, llegue para solventar a estos hermanos nuestros que comparten la inmensa mayoría de ellos la fe.

Pero con nuestro amor hemos de abrazar a todos los seres humanos, especialmente a los más desvalidos. Hoy, se celebra ya mañana el día de San Pedro, que es el día del Papa, para que recemos por el Papa ya hoy. Y hoy la colecta será para la Santa Sede y para las necesidades de la Sede Apostólica. Para la Caridad del Papa.

Ahora confesemos nuestra fe junto con toda la Iglesia que encabeza el Romano Pontífice.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

Catedral de Granada
28 de junio de 2026

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