Comentario bíblico al Evangelio del II Domingo de Pascua, el 12 de abril de 2026, realizado por el Secretariado diocesano de Pastoral Bíblica.
Celebramos el II domingo de Pascua o domingo de la Divina Misericordia. La Pascua se prolonga como experiencia viva de la comunidad creyente, donde el Resucitado se hace presente, regala a la Iglesia los dones pascuales y la envía al mundo como cauce de su misericordia.
VIVÍAN UNIDOS
El sumario de Hechos de los Apóstoles que leemos hoy enumera las notas características de la primera comunidad cristiana. Los creyentes perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en la oración.
Estos rasgos son reflejo de una vida que brota del encuentro con el Resucitado. La fe en Cristo crea comunión, establece nuevos vínculos y alienta una forma de estar en medio del mundo. La unidad, la alegría y la sencillez de corazón no son solo fruto del esfuerzo humano, sino también de la participación en la vida de Cristo.
Cuando Él ocupa el centro, la vida entra en dinámica de comunión. En contraste, la segunda lectura muestra que la comunidad pascual también ha de afrontar la prueba. El pasaje, tomado del libro del Apocalipsis, presenta a Juan, hermano en la tribulación. En medio de la dificultad, la fe pascual ilumina a la comunidad que percibe que Cristo resucitado, vencedor de la muerte, le habla y la sostiene en la esperanza.
DICHOSOS LOS QUE CREAN SIN HABER VISTO
El evangelio de Juan recoge la experiencia de los discípulos, encerrados por miedo, en la tarde del primer día de la semana. En ese contexto, el Resucitado se sitúa en medio de los discípulos, ofrece su paz, les da su Espíritu y los envía como testigos de su misericordia.
La mirada se dirige, en un segundo momento, a Tomás, que no se haya presente cuando el Resucitado se deja ver y regala sus dones a la comunidad. Ajeno a esta alegría, duda de la veracidad del testimonio de los discípulos y pide signos tangibles. Tomás expresa la dificultad para creer, la necesidad de ver, de tocar, de comprender.
Ocho días después, el Resucitado se manifiesta, de nuevo, a la comunidad reunida. En esta ocasión, se dirige directamente a Tomás y le muestra sus manos y su costado. Entonces, Tomás profesa su fe pascual y reconoce en Él a su Señor y su Dios.
La necesidad de ver y, en este caso, de tocar, que caracteriza las apariciones del Resucitado, manifiesta el deseo humano de confirmar la realidad a través de los sentidos. Sin embargo, los textos evangélicos nos invitan a una mirada de fe más honda y contemplativa. Con Tomás descubrimos que la duda, a veces presente en nuestro camino, puede convertirse en el umbral de una fe más madura y de un verdadero encuentro con Cristo.
El relato concluye con la única bienaventuranza del evangelio de Juan: “Dichosos los que crean sin haber visto”. Es nuestra bienaventuranza, la de quienes hemos recibido la fe apoyados en el testimonio de los apóstoles. Hoy somos invitados a renovar nuestra confianza en ese testimonio.
LA PALABRA HOY
Como Tomás, a veces, atravesamos momentos en los que quisiéramos ver con claridad, tener más certezas, tocar aquello en lo que creemos. Hay etapas en la vida en las que la fe parece nublarse entre preguntas, silencios o situaciones que no entendemos. Y, sin embargo, ahí el Señor se muestra, no siempre de manera evidente o como esperamos.
La Pascua acontece en lo cotidiano, en lo frágil, en lo que no siempre se ve. El Resucitado se hace presente y nos sigue llamando a vivir en comunión, a sostener la esperanza y a reconocer su presencia viva en medio de nosotros.
Ignacio Rojas Gálvez, osst
