Comentario bíblico al Evangelio en la Solemnidad de la Epifanía del Señor, el 6 de enero de 2025, realizado por el Secretariado diocesano de Pastoral Bíblica.

Feliz día de Reyes, día de sorpresa y asombro, día de adoración y manifestación del niño Dios a todas las naciones. Es sorprendente como unos magos de oriente, guiados por una estrella llena de promesas, se dirigen al encuentro de Aquel que necesita la humanidad, van caminando hacia un destino cargado de vida y esperanza. Un tiempo litúrgico termina, pero nos deja el sabor a novedad, a cambio y a esa esperanza que nuestro mundo necesita

TEXTOS PARA LA CELEBRACIÓN
Sobre ti amanecerá el Señor (Is 60, 1-6) El texto de Isaías nos habla de la vuelta del destierro que el pueblo de Israel llevaba sufriendo en tierras de Babilonia. Toda la ilusión de la vuelta está centrada en Jerusalén, símbolo de la presencia de Dios en medio de su pueblo.

Mientras las tinieblas cubren la tierra, en Jerusalén amanece una luz, la gloria del Señor, convirtiéndose así en el punto de mira de los otros pueblos. Atraídos por su fuerza, todos se ponen en camino hacia ella. El profeta invita a alzar lo ojos y ver por dónde llega esa multitud de desterrados que han encontrado la luz, que han visto un nuevo amanecer. La ciudad recibe grandes riquezas de todos los pueblos experimentando el asombro y la alegría. Isaías nos habla de la aparición de la luz en medio de las tinieblas, de la desolación de una ciudad destruida y humillada a la alegría de atraer a todos los pueblos.

HEMOS VISTO SALIR SU ESTRELLA Y VENIMOS A ADORARLO (Mt 2,1-12)
El relato de la de la adoración de los magos comienza situando las coordenadas históricas en las que nace Jesús: un espacio, Belén de Judea; y un tiempo, el reinado de Herodes el Grande (37 a C- 4 a.C.) El evangelista indica de esta manera que la encarnación de Dios ha tenido lugar. Dios se ha hecho carne en la existencia del ser humano.

Los primeros que se ponen en camino son unos magos venidos de lejos, de los que no conocemos ni su número, ni sus nombres. Los magos constituyen la imagen de los buscadores de Dios. Ellos, guiados por una estrella, intuyen el nacimiento del Mesías, pero necesitan ayuda para encontrarlo. Por eso, llegan a Jerusalén preguntando dónde pueden hallar al rey de los judíos, pues han visto su estrella en Oriente y desean adorarlo.

La búsqueda de los magos llega a oídos del rey Herodes que se sobresalta junto a la ciudad de Jerusalén. Por ello reúne a los sabios judíos, sumos sacerdotes y escribas, a fin de interrogarles sobre el lugar del nacimiento del Mesías. Ellos proponen a Belén, recogiendo la profecía de Miqueas: Y tu Belén tierra de Judá, no eres la menor entre los principales clanes de Judá. Porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel (Mq 5, 1ss). Herodes, astuto, tiene claro lo que hará ante el nacimiento de un nuevo rey que amenaza su poder, pero engaña a los magos diciendo que él también desea ir a adorar a ese rey que acaba de nacer.

Los magos se ponen de nuevo en camino, y siguen a la estrella que los va guiando hasta la casa en la que está el niño. Al llegar ante él realizan dos gestos: postrarse, algo que sólo se hace ante el mismo Dios y entregar tres regalos: oro, reconociendo la realeza de Jesús, incienso, su divinidad y mirra, mostrando su humanidad.

Terminado el encuentro, los magos reciben un mensaje de parte de Dios, no han de volver a encontrarse con Herodes. Entonces ellos regresan a su país por otro camino, inaugurando así caminos nuevos.

LA PALABRA HOY

Hoy es el día de la ilusión y de los sueños en el que nos hacemos y recibimos muchos regalos. Todos de alguna manera deseamos regalos tangibles, que podamos usar, ponernos, jugar con ellos, divertirnos…regalos bonitos, caros, útiles o “inútiles”, en definitiva, todos queremos que alguien se acuerde de nosotros y nos muestre su cariño.

Los magos al reconocer a Jesús como el Mesías, como el salvador, tampoco se quedaron cortos. Los regalos ofrecidos al niño eran “grandes”, aunque tuvieran un significado más profundo. ¿Cuál es el regalo que más deseamos? ¿Podemos decir que para nosotros el regalo más grande es Jesús?

Carmen Román Martínez, OP

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