Comentario al Evangelio en el IV Domingo del Tiempo Ordinario, el 1 de febrero de 2026, realizado por el Secretariado diocesano de Pastoral Bíblica.
Las lecturas de este domingo nos sitúan ante una realidad que podríamos llamar contracultural. Las situaciones que nos presenta el evangelio no son a priori de nuestra elección, dicho de otro modo, preferimos que esas “bienaventuranzas”, al menos algunas, no sean para nosotros. Sin embargo, Jesús es el único capaz de cambiar nuestros esquemas y llamarnos a un estilo de vida dónde ser de los últimos tiene una lectura diferente para Dios.
BUSCAD AL SEÑOR LOS HUMILDES DE LA TIERRA (So 2,3; 3,12-13)
El profeta Sofonías pone ante nuestros ojos la realidad de un pueblo que sufre la injusticia y la violencia dentro de una gran corrupción política y religiosa que arrastra a las naciones. En medio de ese escenario, el Señor va a insistir que todavía hay lugar para la esperanza. Estos pobres son los anawim, es decir, aquellos que son objeto de la salvación de Dios. Este pueblo humilde se convierte en un pequeño resto de Israel que permanecerá porque “no hay engaño ni mentira en su boca”. Un pueblo auténtico y fiel, una comunidad de creyentes llamada a la paz: “Pastarán y descansarán, y no habrá quien los inquiete”. Estos son los signos de ese pueblo elegido por Dios, protegido directamente por el Señor, su único refugio. La restauración es tiempo de gozo mutuo, del Señor y de su pueblo; tiempo de cambio profundo, interior y definitivo. Los pobres son ahora invitados a buscar al Señor.
SED DICHOSOS (Mt 5, 1-12a)
El texto que nos presenta el evangelio de este domingo es probablemente uno de los pasajes más bellos y a su vez más sorprendentes de todo el evangelio de Mateo: las bienaventuranzas. Jesús viendo a la multitud que le rodea, gente sencilla, pobre y necesitada que acude a él, junto a sus discípulos va a proclamarles “dichosos”, “felices”.
En el inicio del llamado “sermón de la montaña”, el Maestro va a proponer una serie de actitudes de vida para entrar en el Reino de Dios, que los oyentes son invitados a abrazar.
El escenario que propone Mateo para la proclamación de las bienaventuranzas por Jesús tiene reminiscencias del Ex 19-24, cuando Moisés proclama la ley al pueblo y, además, está definido por palabras clave: multitudes, discípulos, montaña, Maestro (rabí) sentado que instruye. De ahí, que este discurso no es un libro de normas, ni un manual de instrucciones, es más bien una serie de ilustraciones o ejemplos de la vida en el Reino de Dios, visiones de la identidad nueva y del estilo de vida de aquellos que vislumbran el Reino en su dimensión presente y futura.
Las bienaventuranzas que nos presenta Mateo están organizadas en dos grupos. Las cuatro primeras describen situaciones de marginación u opresión (pobres, los que lloran, los mansos y los que tienen hambre y sed de justicia) merecedoras de estima porque la llegada del Reino las cambia radicalmente. Las cuatro del segundo grupo (misericordiosos, limpios de corazón, los que trabajan por la paz, perseguidos) corresponden a acciones humanas que expresan ese reino transformador.
Ser dichoso o felices para Jesús es una manera de ser y de estar en este mundo donde las actitudes y valores descritos son el camino que nos lleva al encuentro del otro y a construir un mundo mejor y un futuro cargado de esperanza.
LA PALABRA HOY
Vivimos en un mundo marcado por la violencia, la mentira, la injusticia, que lleva a la persona a sentirse frágil y vulnerable, de ahí que el programa que presenta Jesús al inicio del Sermón del Monte nos abre camino a la esperanza. Las bienaventuranzas nos presentan el programa para tener éxito en la vida, lo que da felicidad y sentido a la existencia humana: situarse al lado del pobre, del que no cuenta, del humilde, del que llora. Si ellas nos fascinan, también nos extrañan y cuestionan. Parecen estar tan en contraste con los caminos de felicidad que predica nuestra sociedad que, para captarsu sentido, hay que intentar primero comprender y profundizar quién es Jesús para cada uno de nosotros y nosotras, solo así, podremos entender su propuesta de vida.
Carmen Román Martínez, op
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