Desde la Archidiócesis de Granada se anima a su lectura.
La Comisión episcopal para la Doctrina de la Fe ha publicado una nota doctrinal sobre el papel de las emociones en el acto de fe. La nota se titula “Cor ad cor loquitur” (“El corazón habla al corazón”), en referencia al lema cardenalicio de san Jorhn Henry Newman, declarado recientemente Doctor de la Iglesia. “En él se encierra el tema central de la nota doctrinal, que la vida espiritual y el encuentro con Dios ‘afecta a la persona en el conjunto de sus dimensiones: afectiva, intelectual y volitiva’”, informó la Conferencia Episcopal.
Desde la Archidiócesis de Granada invitamos a su lectura, cuyo texto ofrecemos EN ESTE ENLACE.
En la motivación pastoral de esta reflexión, se señala que “en los últimos años se aprecian signos que indican un renacer de la fe cristiana, especialmente entre los jóvenes españoles de la llamada ‘generación Z’, aquellos nativos digitales nacidos entre mediados de los 90 y la primera década del año 2000”.
“La Iglesia valora la creatividad de las diversas iniciativas de primer anuncio que el Espíritu Santo ha suscitado en muchos movimientos y asociaciones eclesiales para facilitar a tantas personas el encuentro con Cristo o la revitalización de su fe. Estos nuevos métodos o herramientas de evangelización representan un soplo de aire fresco para la Iglesia, que, como Madre, vuelve una y otra vez a «ponerse en camino para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud”.
“En todos estos métodos, en mayor o menor grado, tienen un peso importante las emociones y los sentimientos, que provocan un primer ‘impacto’ en la persona y conducen a la conversión y a la adhesión a Cristo. A ello le ha de seguir la configuración de la vida de los cristianos con el Señor, el discipulado en la Iglesia y al apostolado como testigos de Cristo muerto y resucitado en medio del mundo. Sin embargo, no son pocos, incluso entre los promotores de estas experiencias, que han advertido del riesgo de un reduccionismo ‘emotivista’ de la fe, que lleva a muchas personas a convertirse en consumidoras de experiencias de impacto y buscadoras insaciables de la complacencia del sentimiento espiritual. El anuncio de Cristo no busca de modo directo provocar sentimientos, sino testimoniar un acontecimiento que ha transformado la historia y es capaz de transformar la existencia de todo ser humano ocupando el centro de su vida: que «tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16). Este es el gran impacto que renueva la mente y el pensamiento, amplía el horizonte de la libertad, ofrece un nuevo sentido a la vida y, en función de ello, da una nueva consistencia al obrar de las personas”.
NOTA DOCTRINAL COMPLETA EN ESTE ENLACE

