Escrito de Mons. José María Gil Tamayo.
Estamos ya en las fiestas de la Navidad del Señor. Estas fiestas entrañables que nos vienen preparando unos con la sociedad de consumo, pero que los cristianos hemos tenido este tiempo privilegiado de preparación que es el Adviento, con esa cuenta atrás que nos señala la corona en cada uno de los domingos, para que, tomando la voz de los profetas y sobre todo el ejemplo de las grandes figuras que prepararon el nacimiento del Señor, nos preparemos adecuadamente para estas fiestas entrañables.
Pero tenemos que recuperar el verdadero sentido cristiano de la Navidad. Esa maravilla de que Dios se hace hombre. Decía José Luis Martín Descalzo, el gran sacerdote periodista español, que el Misterio de Dios los seres humanos lo olvidamos o lo empequeñecemos. Nos ha pasado esto con la Navidad, que la hemos convertido en un cuento. Pues no lo es. Es el gran salto de Dios, que, sin dejar de serlo, se vuelve uno de nosotros y comparte nuestra humanidad, menos en el pecado, se nos hace imitable. Y eso hace que, llevado a culmen en el Misterio Pascual de la Pasión, Muerte y Resurrección, el Dios que se ha encarnado nos ha redimido, nos ha liberado del pecado. Nos ha hecho hermanos suyos, nos ha hecho hijos e hijas de Dios.
Esto es lo que celebramos estos días. Y por eso tiene sentido esa fraternidad que estos días se nos pone más a flor de piel. Y sentimos las carencias de los más pobres de manera directa. Y se nos hace también más vivo el sentido de familia y de unión, echando de menos a los que otros años han compartido con nosotros estas fiestas tan de familia, pero que ahora ya no están.
Queridos amigos, les deseo lo mejor. Y que se sorprendan ante este Misterio de la Navidad. Que se vayan a lo esencial, que es que Dios se ha hecho hombre, que Dios nos quiere. Esa expresión de “quedaos con Dios” cobra hora todo su significado. Que Dios os acompañe siempre. Él, acogiéndolo en nuestro corazón, acogiendo su Palabra y en los Sacramentos, nos ayudará a vivir esa fraternidad que necesitamos y que no tiene fecha de caducidad el 7 de enero. Que sintamos la alegría, a la que nos ha ido invitando el tiempo de Adviento. El Señor está en medio de nosotros y por eso estamos alegres.
Les deseo una feliz Navidad, y un año nuevo lleno de bendiciones para todos.
+José María Gil Tamayo
