El 21 de julio.
En pleno bullicio del verano, cuando el ritmo del mundo se acelera y las voces se multiplican, un grupo de 46 feligreses de las parroquias de La Encarnación y de San Gabriel de Loja decidimos detenernos para cuidar el alma y dejar que el silencio hable. Nuestra meta fue el monasterio de la Cartuja, en donde disfrutamos de la visita nocturna inmersiva de “Silentia”. Desde el primer paso dentro de sus históricos muros, comprendimos que allí las palabras sobran.
Recorrimos las diferentes estancias del monasterio, permitiendo que la quietud dialogara directamente con nuestro interior. De tal manera, que en este año del anuncio dentro del plan pastoral, fue el silencio el que nos habló del amor de Dios y de la belleza de la comunión. Nos entregamos a la contemplación de un espacio sagrado donde el tiempo parece detenerse ante Dios.
Ante la cruz del refectorio, aquella máxima cartujana cobró un sentido profundo porque, mientras el mundo gira, la cruz permanece. En este sentido, sumergidos en las urgencias y el ruido cotidiano, pudimos descubrir la certeza de aquello que permanece inmutable, que es el amor de Cristo entregado por nosotros.
Al regresar a Loja, lo hicimos transformados, con la convicción de que, a veces, el acto más necesario no es hablar, sino escuchar solo lo que el silencio puede decir.
Aunque la noche era calurosa y apetecía un helado, la experiencia de tanta belleza fue, en sí misma, el mejor de los postres.
Parroquias de La Encarnación y San Gabriel de Loja

