Celebrada el pasado día 26.

El pasado día 26 se celebró en la Basílica de Nuestra Señora de las Angustias la Convivencia Anual a la que se convoca desde los últimos años para la participación de los grupos parroquiales integrados en ella.

Participaron más de 70 personas, pertenecientes a distintas realidades de la Basílica, con el lema “Un anuncio que llena la vida”. Los participantes recibieron la bienvenida por parte de varios miembros de la Hermandad Nuestra Señora de las Angustias, a la que se les entregaba “para elegir, distintivos de 5 colores diferentes, con objeto de formar 5 grupos para el estudio de los temas propuestos y en el que cada uno ponía su nombre”, informó Antonio Joaquín Mezcua Roelas.

La convivencia se celebró en el salón de actos del Colegio Parroquial, que comenzó con la bienvenida del párroco de la Basílica, D. Blas Gerardo Gordo Jiménez: “Ya llevamos tiempo haciendo este encuentro, que para mí es el día más importante del año. Otros dirán ‘pues, anda que no hay días: La Virgen de las Angustias, la fiesta de Pascua…, pero el hecho de poder tener este encuentro de la familia de los cristianos, que estamos bajo el manto de la Virgen, pues es desde mi punto de vista para la vida de la Parroquia, un espacio de Comunión muy necesario. Por esto queremos disfrutar”, señaló.

“Siguió explicando cómo la preocupación de que todo pueda salir bien, desde la paella hasta todo lo demás, es un pensamiento que le ocupa la mente al levantarse por la mañana, pero que con el transcurrir de las horas todo irá encajando y la armonía y bienestar se tiene que imponer bajo cualquier circunstancia, ensanchando el corazón, abriéndonos los unos a los otros, yendo al encuentro de todos los que nos rodean”, explicó Antonio Joaquín, de la parroquia y participante en el encuentro.

“Seguidamente, se procedió a formar cinco grupos diferentes para hacer las sugerencias y aportaciones que más tarde se incorporarán a las de la Diócesis. Sobre las dos de la tarde se tuvo la comida gozosa con alimentos compartidos, aportados por los asistentes, pero, sobre todo, con una paella cocinada en dos grandísimas sartenes, por personas expertas valencianas, que hizo las delicias y el disfrute de todos los comensales presentes, deshaciéndonos en elogios hacia los magníficos cocineros. La comida se hizo sumamente gratificante, cambiando impresiones unos con otros y pasándolo muy bien. El momento lúdico hubo que suprimirlo, por no haber tiempo material para llevarlo a cabo”.

“La Eucaristía, a las cinco menos cuarto, puso el broche de oro a esta magnífica convivencia en la que ha reinado la fraternidad, amistad y alegría en todo momento”.