En el convento Siervas del Evangelio, en un encuentro enmarcado también en el Año Jubilar Franciscano.
“Como un verdadero tiempo de gracia”. Así vivieron los participantes con Mater Christi el retiro espiritual celebrado en Cuaresma, este mes de marzo, en el convento de las Siervas del Evangelio, y enmarcado en “la perspectiva del actual Año Jubilar Franciscano”, informó Mater Christi Granada.
“Los participantes fueron invitados a una profunda revisión interior, centrada especialmente en la realidad del pecado y, de modo particular, en la soberbia como raíz de muchos desórdenes del corazón”, explicó Gregorio Cuenca Zafra, uno de los responsables de este movimiento.
“A la luz del testimonio de san Francisco de Asís, se presentó un itinerario claro de conversión en donde se afirmó la ruptura radical con los bienes y apegos, físicos y morales, viviendo desde el afán de afirmación personal a la humildad evangélica. Su vida, marcada por el despojo, la pobreza y la confianza total en el Señor, sirvió como modelo concreto para comprender que la verdadera grandeza cristiana consiste en vaciarse para que Dios ocupe el centro”.

En el retiro también se abordaron los pecados capitales, planteados “con rigor doctrinal y sentido práctico”, subrayando “su dinamismo interior y su capacidad de generar otros vicios”. “En este contexto, se profundizó en las múltiples manifestaciones de la soberbia, a menudo sutiles, y en su especial peligrosidad cuando se infiltra incluso en las buenas obras, señaló Cuenca Zafra.
Asimismo, “desde una perspectiva espiritual y antropológica, se ofrecieron claves para el discernimiento personal, ayudando a identificar mecanismos de autoengaño y actitudes que dificultan la auténtica vida de fe y la caridad fraterna”.
“El punto culminante fue la contemplación de Cristo humilde, según el himno de Filipenses (Flp 2,6-11), presentado como respuesta definitiva al orgullo humano”, informó Mater Christi. El retiro concluyó señalando “con claridad el camino: la humildad como fundamento de toda vida cristiana auténtica, vivida en docilidad a la gracia y en comunión con la Iglesia”.
