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“Peregrino a Jerusalén para ponerme a disposición del Señor”

Entrevista a Carlota Valenzuela, joven granadina que peregrina desde el pasado 2 de enero desde Finisterre (Galicia) hasta Jerusalén, movida por una llamada que sintió del Señor. Dejó su trabajo en Madrid y durante un año recorre a pie distintos países, hasta la cuna del cristianismo. “Peregrino para decirle a Dios que estoy en sus manos y lista para hacer su voluntad”, señala.

- Por qué haces esta peregrinación.
La hago para ponerme a disposición de Dios. Para decirle a Dios que estoy en sus manos y lista para hacer su voluntad.

- Qué te motivó a ponerte en marcha.
Yo estaba trabajando en Madrid. Había terminado hacía cinco mis estudios y había tenido varios trabajos. Estaba trabajando en Madrid y estaba muy contenta con la vida que tenía. No puedo decir otra cosa. Pero sentía que Dios me llamaba a algo más. De alguna forma, sentía que Dios me pedía un poco más de espacio en mi vida. Si te soy sincera, no sabía lo que me estaba pidiendo. Estaba como un poco perdida. Pero sentía algo muy fuerte. Y llegó un día concreto en el que sentí que me decía “ponte en camino hacia Jerusalén”. Y dije, “me lío la manta en la cabeza”, y así fue un poco como lo decidí.

- Cómo has preparado este viaje, este camino.
Lo que hice para prepararlo fue ver un poco qué ruta podía seguir para llegar a Jerusalén, porque no hay un camino como tal; no hay un Camino de Santiago que llegue a Jerusalén. Estuve mirando un poco primero por qué países podía pasar para poder llegar hasta Jerusalén, y una vez trazada un poco la ruta fui buscando en cada país qué ruta de peregrinación había para encontrar un poco un mínimo de infraestructura para peregrinos, que a veces se da y a veces no se da. Y así fue un poco: dibujando la ruta, y luego preparándome, haciéndome con un buen material para andar y dejándome aconsejar de gente que sabe de esto y se dedica a este mundo, y empezar con el primer pasito.

- ¿Has participado en algún tipo de peregrinación?
Hice dos veces el Camino de Santiago, los últimos kilómetros desde Sarria. Me sirvió un poco para tener la miel en los labios de qué es peregrinar, ese sentimiento cuando uno llega a Santiago. Y esa peregrinación espiritual. Porque hay mucha gente que peregrina por los kilómetros, pero, al final, sea cual sea la razón que mueve a uno a peregrinar toda son preciosas; pero esa búsqueda espiritual yo la saboreé un poquito en los dos Caminos de Santiago que hice y me sirvió un poco para tener una primera imagen de lo que sería una peregrinación.

- Qué estás aprendiendo en este Camino.
Sobre todo, que lo que yo soy capaz de imaginarme, las expectativas que yo puedo generar en mi cabeza de lo que puede ser el viaje son superchiquititas, y lo que Dios es capaz de darme es enorme. Es absolutamente inútil decir “quiero que el camino sea así”, porque tu capacidad imaginativa es chiquitita en comparación con lo que luego te da Dios. Y lo que me está dando en este viaje es muchísimo más de lo que soy capaz incluso de tomar. Es decir, la generosidad de la gente que me acoge cada día en su casa, la belleza de los caminos y cómo estoy descubriendo la naturaleza, cómo me estoy desprendiendo de tantas cosas, tanto materiales como inmateriales. Yo eso no lo podía haber previsto jamás.

- ¿No te da vértigo caminar sola, o al menos al inicio hasta ponerte en marcha?
Justo en los meses desde que tomé la decisión hasta que empecé a peregrinar, que fueron seis meses más o menos, me di cuenta, y aquí hay un símil bíblico que me gusta mucho, que me sentía como Pedro cuando Jesús le invita a caminar sobre las aguas con él, cuando pone la mirada sobre Jesús, camina sobre las aguas tranquilísimo, pero cuando mira hacia abajo y piensa que depende de él, se hunde en el agua. Yo me sentía un poco así en los meses previos a la peregrinación. Si ponía mi foco en Dios, andaba tranquilísima, y si empezaba a rallarme diciendo “madre mía, yo sola…”, ahí me hundía un poco. También en la peregrinación estoy viviendo un poco eso: si me abandono y confío en Dios, esto va sobre ruedas.

- Qué es lo que más te ha impactado del camino que estás haciendo.
Hay pocos peregrinos porque voy “al revés”. Lo que más me ha impactado es la generosidad de la gente. Pueblo por el que paso, pueblo por el que pido que me acojan, porque necesito dormir y comer. Con lo que he alucinado es con la generosidad de la gente que me abre las puertas de su casa, que me da hasta lo que no tiene, que me acogen… Esa generosidad tan aplastante es lo que más me ha impactado que no me lo podía haber imaginado nunca. Y me ha dado una lección de que la gente es fabulosa, porque siempre andamos con muchos miedos, sobre todo cuando viajas sola. Yo puedo decir que mientras uno sea prudente y tenga un poco de sentido común, lo que uno se encuentra es con gente absolutamente maravillosa y que no hay nada de lo que tener miedo.

- Desde Bolonia, donde te encuentras, cómo continúas el recorrido.
Sigo hacia el norte en Italia, llego a Venecia y luego a Trieste, y de Trieste cruzo la frontera a Eslovenia, para entrar en Croacia. Después, bajar por el mar Adriático, por la costa (Croacia, Montenegro y Albania), y luego cruzar Grecia por tierra. Y mi idea desde Atenas es ir por mar hasta Chipre y desde Chipre hasta Israel.

- Un mensaje para quienes tienen dudas sobre peregrinar, solos o acompañados.
Yo les diría que lo más importante es que no tengan miedo, porque los miedos están en nuestra cabeza. No hay que tener miedo a lanzarse a una aventura que te apetece, tanto solo como acompañado. Pero si estás solo porque nadie te sigue el plan, hazlo tú solo porque luego vas a encontrar gente maravillosa en el camino.

Paqui Pallarés
Delegada de Medios de Comunicación Social

Entrevista emitida en "El Espejo", en COPE Granada y COPE Motril.

 

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