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“Jesucristo es la clave de nuestra existencia humana”

Homilía de D. Javier en la Eucaristía celebrada en la S.I Catedral en el V Domingo de Pascua, el 15 de mayo de 2022.

Imaginaros esta catedral sin bancos. Los bancos son un mobiliario recientemente puesto en las catedrales. Yo he visto grabados antiguos de catedrales donde no había bancos. Y seguramente los habéis visto todos. Incluso en Santiago de Compostela, donde entraban los peregrinos, entraban con todo lo que llevaban y dormían allí, pero no había bancos. Imaginaros esta catedral sin bancos. Y si yo os dijera que todo el zócalo que hay hasta donde empieza la primera curva de las columnas o de las paredes, en su origen estaba pintado de negro. Aquí, en la parte de la Capilla mayor se recuperó cuando la arreglaron, por eso se pudo preservar y recuperar, pero todo el bajo de la catedral tiene un zócalo de ochenta, noventa centímetros, negro, y la mayor parte de la gente no sabe por qué era el zócalo. Y ese zócalo tiene una función. Y es que, si uno lo ve sin bancos, porque con bancos casi no se ve, parece que el edificio no sale de la tierra. Parece que la arquitectura no brota de la tierra porque hay un corte, y lo que sucede es que la Iglesia es una realidad. Nos lo decía la Lectura del Apocalipsis: “Yo vi la ciudad nueva, a la Nueva Jerusalén bajando del Cielo como una novia que se adorna para su esposo”.

Y ese zócalo negro lo que hace es expresar sencillamente que la Iglesia no es sin más una realidad humana, una realidad terrestre. Es algo que ha bajado del Cielo. Es verdad que la Nueva Jerusalén la anuncia el autor del Apocalipsis -diríamos- para el final de la historia. La historia que describe el Apocalipsis es una historia de catástrofes y hasta muy semejante a lo que es la realidad de la historia, pero muy poco semejante a lo que nosotros nos imaginamos de la historia, que es una historia de progreso continuo, de mejora continua, donde los seres humanos viven cada vez mejor. Eso forma parte de la mitología moderna simplemente, no es verdad. No ha sido nunca verdad. Por desgracia, desde el siglo XIX o XVIII esa mitología se empezó a construir y no es verdad en nuestro tiempo. Lo que los hombres hacemos tiene, en el mejor de los casos, unas partes, y lo hay, y lo hay en todas las culturas. (…) Dios mío, porque en todas las culturas que ha valido la pena, los hombres han tenido nostalgia del Cielo. Lo llamasen como lo llamasen, lo buscasen como lo buscasen, y han tratado de expresar esta nostalgia en lo mejor de sus obras. Siempre.

El gran arte de las civilizaciones que ha permanecido en la historia, que representan algo, que nos puede enseñar algo, motor de la historia humana, siempre y permanentemente esa búsqueda del Paraíso, esa búsqueda de Dios, ese anhelo de Dios que es el motor de la historia (no la economía, como nos enseñan de una manera bastante miserable y bastante falsa y bastante torpe, muchas de nuestras universidades, la mayoría de las universidades del mundo en este momento. No es la economía el motor de la historia. El motor de la historia es el amor, es el deseo del Cielo, es el deseo de una vida buena, bella, noble).

Y eso es lo que en el mejor arte de todas las culturas lo podemos reconocer y hasta podemos aprender de él, sin duda. Porque, no por el hecho de que Cristo sea el camino, la verdad y la vida significa que lo que hace el hombre tendrá que ser todo mal. No, no, qué va. Hay muchas cosas en las que uno puede reconocerse y matices en los que uno aprende de hecho, de otras culturas, de otras tradiciones religiosas, por la parte de verdad que tienen; siempre hay alguna en lo que es más noble y grande y bueno en el hombre.

Dios mío, la ciudad que baja del Cielo no baja al final de los tiempos. Está ya aquí, en medio de nosotros, porque la vida nueva que representa la fe en la Resurrección de Jesucristo no es una utopía, no es algo que ya está, que nos mantiene en esa experiencia humana que es que estoy tirado en esta vida y tengo que hacer de ella lo mejor posible. La fe en la Resurrección de Jesucristo me hace posible aspirar con todas mis fuerzas a ser un pueblo entero que aspira con todas sus fuerzas a vivir en esa ciudad en la que ya no hay llanto, ni luto, ni dolor, porque el Señor está con ellos permanentemente. ¿Os suena esto algunas palabras del Evangelio? ¿Cuál es el nombre de Jesús? Emmanuel, Dios con nosotros. ¿Qué dice Jesús al final del Evangelio de San Mateo? “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Nosotros somos un pueblo nacido de la mañana de Pascua, nacido de la Resurrección. Por desgracia, como venimos de una Tradición donde no hacía falta descubrir nada ni hacer nada para ser cristiano, porque te bautizaban al mismo tiempo que te ponían o te daban hasta el número de ciudadanía o el libro de familia, pues, no hemos descubierto nosotros lo que significa la novedad que significa la vida cristiana; la novedad que significa en el mundo la cultura que nace de la vida cristiana. ¿Cuál es esa novedad? La aspiración consciente, el deseo consciente del Cielo como algo que ya ha empezado entre nosotros que ya se nos ha dado. Es verdad que en la vida eterna no habrá llanto, ni luto, ni dolor, pero también en esta vida, quien tiene el don de la fe, quien ha conocido a Jesucristo (y el Apocalipsis está escrito para unos cristianos a quienes les estaba costando la vida decir que son cristianos, lo pagaban con su muerte a finales del siglo primero), quien ha conocido la fe sabe que el llanto, el luto y el dolor son cosas diferentes. Porque uno puede sentir el dolor de una separación, pero sabemos siempre que esa separación no es definitiva. Uno puede tener dudas sobre cuál será el destino de una persona o el mío, sobre todo del mío, puedo tener dudas, pero la fe en la misericordia infinita del Señor me hace esperar que todos mis hermanos participarán de esa vida eterna que es la vida divina, de la que ya tenemos una pequeñita, pequeñita si queréis, pero ya tenemos una verdadera experiencia en la tierra.

“Yo hago nuevas todas las cosas”. Lo ha dicho el Señor. Lo dice el Libro del Apocalipsis. Lo decía, y era una de las frases claves de esa película que seguramente habréis visto todos que es “La Pasión”, de Mel Gibson, pero no hacía más que recoger una frase del Evangelio del día del Apocalipsis. ¿Cuál es esa novedad que introduce Cristo? Pues, descubrirnos que Dios es Amor y que el Cielo al que aspiramos es Dios, infinitamente amoroso, infinitamente bello, infinitamente verdadero y bueno. Y que el secreto de la vida humana es participar de ese amor. El Señor redujo todos los mandamientos que había en el Antiguo Testamento, incluso los diez mandamientos de la Ley de Moisés los redujo a dos: “Amarás a Dios con todas tus fuerzas, con todo tu ser, y al prójimo como a ti mismo”. Jesús reduce a dos todos los mandamientos de la Ley mosaica y en la víspera de su Pasión reduce esos dos a uno: “Amaos los unos a los otros como Yo os he amado”. Un pueblo que somos torpes, que no somos mejores que los demás, que metemos la pata, que se nos acaban las energías para querer, que nos surge la envidia, nos surge el egoísmo, la avaricia, el odio y los mismos males que dominan en el mundo; pero que tenemos un tesoro de misericordia al que podemos acudir siempre para poder siempre volver a empezar. ¿Y qué es empezar? Pues, crecer en el amor o pedir perdón para volver a empezar a amar siempre, siempre, siempre será amar más, amar mejor. Esa es la tarea de la vida más importante que el oficio que desempeñamos, que la profesión que tenemos, que los estudios que hacemos, porque todo eso pasa. A mí no se me olvidará una persona que había luchado toda su vida para ser un gran hombre en el mundo de la física nuclear y lo había conseguido. Pocas semanas después me venían él y su mujer a decirme “me acaban de diagnosticar Alzheimer y yo he sacrificado a mi mujer y he sacrificado a mi familia y he sacrificado el tiempo que dedico a mis hijos para poder tener este título y este cargo y ahora me doy cuenta de que he desperdiciado mi vida dejando de lado lo que era más importante, por algo que en el fondo era mucho más importante, porque se va a acabar muy pronto”.

Mis queridos hermanos, Jesucristo es la clave de nuestra existencia humana y Jesucristo nos permite vivir de un modo y proponer al mundo, porque no se trata sólo de que lo vivamos nosotros como en una capillita, es que no se lo proponemos al mundo. Yo se lo propondría, si el contexto lo permitiera, a los chicos que están en la calle. Había una canción de los Beatles “All you need is love”. Es verdad que los Beatles entendían probablemente una cosa muy distinta de lo que yo estoy diciendo o de lo que Cristo dijo en el Evangelio. Pero era verdad esa canción. Todo lo que necesitamos es amor. La medicina que necesita nuestro mundo es amor. Un amor que se podrá realizar más o menos a nivel personal, a nivel social, a nivel a nivel educativo, a nivel político, pero es la única medicina que este mundo necesita, se trata de sustituir la avaricia, que es el Dios al que todos servimos ahora mismo y que produce muchas formas de barbarie. Y no entro en detalles, pero muchas formas de barbarie, también social, también familiar, también política, por un amor que nos hace buscar la belleza, buscar la verdad, buscar el bien de cada uno, desear el bien de cada uno hasta de nuestros enemigos, desear el bien de todos. Ese es el amor de Dios y hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios.

Vamos a pedir, vamos a recibir muchos de nosotros en la comunión el sacramento del amor infinito de Dios. Que ese amor crezca, florezca, germine, fructifique en nosotros de la manera más grande posible. Lo deseo con toda mi alma, para mí y para todos vosotros y para todos los hombres si fuera posible.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

15 de mayo de 2022
S.I Catedral de Granada

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