Simón. Pedro. Cefas. Un pescador de Cafarnaúm elegido por Jesús como piedra sobre la que edificar su Iglesia.
Como todo hombre, se trata de una figura llena de luces y sombras. Siguiendo los habituales criterios modernos de eficacia, ningún empresario habría escogido a alguien así como CEO de su empresa. Ningún líder político habría permitido que una vida plagada de bravuconerías y errores fuese accesible a los demás. Nadie en su sano juicio habría elegido a alguien como Pedro para hacerlo apóstol de apóstoles.
Pero es que en una historia de paradojas, como lo es el evangelio, la lógica del mundo se queda siempre corta. El elegido por Cristo será crucificado boca abajo por propia elección. La gloria del discípulo, que consiste en asemejarse al Maestro, refulge en la humildad de Simón. Sobre ella se yergue la fidelidad de Pedro, la resistencia de Cefas, la roca firme cuya fortaleza es prestada, porque procede toda ella del que es Principio y Fundamento de todos, y de todas las cosas; de quien hace nuevas todas las cosas.
