Homilía de D. José María Gil Tamayo, arzobispo de Granada, en inicio de curso de la UGR, el 11 de septiembre de 2026.

Queridos sacerdotes,

Querido señor rector,

Queridos profesores,

Alumnos,

Queridos todos,

Hoy es un día en que vais a tener muchas palabras seguidas y no quiero cansaros, pero sí invitaros a una pequeña reflexión. Iniciáis un curso más. Iniciar un curso más son objetivos, son retos, es ilusión también. Es esfuerzo, es esa carrera que nos pone hoy san Pablo y hay que ir a ganar.

No solo lo importante es participar, sino que hay que ir a ganar. Y hay que poner todo lo que está de nuestra parte para el logro de esos objetivos tan nobles y tan grandes como es transmitir saberes. Transmitir sentido, transmitir esa universitas de saberes que conforman nuestra universidad. Y hacerlo en nuestro mundo y hacerlo cuando tenemos un reto cultural, pero en el sentido más profundo, la cultura de cultivo. La cultura, que es algo que incide en la vida de manera profunda, en las costumbres, en el pensamiento, en las actitudes, en la manera de pensar y de vivir las grandes realidades humanas.

Y esto estamos, como decía el Papa Francisco, no estamos en una época de cambio solo, sino un cambio de época. Y ahí la Universidad tiene un papel central porque es lo que aglutina, en definitiva, el pensamiento, que es característico del ser humano para aplicarlo a la vida y sobre todo el sentido, no solo la utilidad.

Y hoy estamos ante retos muy importantes todos. Quisiera recordar, invitaros a leer y a reflexionar la encíclica del Papa León sobre la inteligencia artificial. Nuestra Universidad tiene una responsabilidad única, una universidad que es de las mejores del mundo en la investigación, en el trabajo de esta realidad humana que nos sale al paso en la civilización de las nuevas tecnologías.

Esto va a conformar nuestra vida porque en ella se juega el resto de los saberes y sobre todo el ser humano. El Papa hace hincapié en tres realidades. La primera, la verdad. Hoy se nos invita a buscar la verdad. No podemos ser de la cofradía de Pilato. Cuando le pregunta “¿Qué es la verdad?” A Jesús.

El escepticismo instala al ser humano en un limbo, porque le hace perder el sentido, la certeza. La certeza en la que la razón tiene un papel primordial. Iluminada por la fe desde el punto de vista cristiano, nos afianza en el camino a seguir, porque no podemos estar eternamente en la rotonda de un sin sentido. Queridos amigos, la verdad.

Vivimos en un ambiente de la realidad virtual, no sé si virtuosa, muchas veces, con todo lo que se está planteando con la realidad de las nuevas tecnologías. Yo soy de comunicación. Y cuando en la carrera apareció un libro de Anthony Smith que era Goodbye Gutenberg, Adiós Gutenberg, nos parecía que no. Pues sí, en gran parte, aunque siempre la comunicación, permanecen las formas anteriores.

Pero toda innovación tecnológica supone una innovación axiológica y una innovación antropológica también. Una manera de ser distinta. Vuestros alumnos hoy son alumnos de pantallas. Hay menos distancia en como yo aprendí en la enseñanza primaria, entre un estudiante de la Edad Media y un servidor, que entre lo que ocurre ahora de mí con vuestros hijos, vuestros nietos, vuestros alumnos.

Hoy hay gente que, si no tiene una pantalla, no sabe escribir, en la que el relato ya no es continuado con un sentido que se va enlazando, sino con una hipertextualidad que nos hace ir de fragmento en fragmento. Todo eso conforma nuestra forma de acceso a la verdad. Y la verdad puede ser… Lo vemos en tantos ámbitos, los vemos en el ámbito informativo, lo vemos con las redes… Es decir, nos ha cambiado la vida en lo que está ahí, como una especie de polución informativa y una polución de información que nos llega, que hemos de descodificar, asimilar, integrar.

Luego, queridos amigos, estamos en un momento crucial de la humanidad en que le pido al Señor la sabiduría, que es más que conocimiento, que es más que información, la sabiduría de Dios, la sabiduría cristiana y la sabiduría que, como el Papa, trata en toda su encíclica, de recuperar, de salvar lo que él llama la magnífica humanidad. La humanitas de los clásicos. Si la universidad no salva la humanitas, decirme qué.

El otro campo en el que el Papa incide es el trabajo. ¿Cómo va a suponer esto en la concepción del trabajo? Ya no hay una concepción decimonónica. Ya no hay una concepción de proletarios, ya no hay una concepción con las claves del siglo XIX, ni tan siquiera del siglo XX.

Estamos ante un mundo distinto y la universidad es el enlace con un mundo que llega. No solo recopila los saberes, los integra, los armoniza, debiera ser. Sino que también los transmite como un testigo en el espacio, en esa carrera que hace la humanidad a lo largo de la historia. Queridos amigos, el trabajo es fundamental para el ser humano.

La inteligencia artificial no puede ser excluyente, no puede dejar al hombre al margen. Y tanto en el trabajo… Hay ámbitos de esclavitud. Lo estamos viendo en el mundo de la inteligencia artificial, en las redes, en tantos lugares. Queridos amigos, tenéis unos retos importantísimos. Necesitáis el aporte de todos. Y vosotros, jóvenes, este es vuestro mundo. Utilizáis un instrumento, utilizáis algo que se aplica, pero que no se constituya en el protagonista ni os sustituya.

Y sobre todo en las decisiones. Estamos en una encrucijada del mundo en que la integración, no solo, como todo, en el ámbito médico, en el ámbito del progreso o en el ámbito, sino también en el ámbito de la destrucción de las armas masivas, de las tomas de decisiones sobre las vidas de los seres humanos. La última responsabilidad no puede ser de los algoritmos. Tiene que ser de la persona humana, tiene que rescatar la humanidad.

Y esto es una llamada y es una defensa a la humanidad. Y el último en esos campos está el de la libertad. La libertad en la convivencia, la libertad política, la libertad de decisión, la libertad que da sentido a la vida democrática y a la convivencia estable.

Queridos amigos, esto puede parecer un discurso social, pero no es. Es una reflexión moral y desde un cristiano es desde la fe. Y salvar las humanitas es un deber cristiano.

Esa es la tarea de la Iglesia, de esa evangelización que San Pablo se vio obligado a llevar. Es la grandeza de lo humano, porque Dios se ha hecho carne, porque Dios se ha hecho hombre. Porque como dice el Concilio Vaticano sII en la Gaudium et Spes, la Iglesia en el mundo contemporáneo, el Verbo encarnado le dice al hombre lo que debe ser el hombre.

Cristo es la vocación suprema del hombre. Y entonces, estamos llamados a poner en esa universitas de saberes, a preservar siempre la humanitas, la humanidad. La humanidad que es humanismo, la humanidad que es humanidad, que es comprensión, que es solidaridad, que servicio, que sentido social de los saberes, que es progreso. Pero el progreso auténtico en que la persona ocupa el centro.

Le pido al Señor que este sea vuestro interés y eso sea lo que esté en la base de vuestros esfuerzos, con las legítimas aspiraciones de cada uno en el campo profesional, en el campo de realización personal y social. Nuestra Universidad tiene un papel importantísimo. Vosotros, profesores, también en un sentido profundo, profesáis aquello que enseñáis y sobre todo, profesáis con una coherencia que debe ser un estilo de vida en un profesor, pero sobre todo en un maestro.

Que la Virgen, asiento de la Sabiduría os ayude y os proteja, y que el Espíritu Santo derrame sus dones sobre vosotros.

Os deseo lo mejor en este curso y siempre.

 Así sea.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

S.A.I Catedral de Granada
11 de septiembre de 2026

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