Homilía del arzobispo D. José María Gil Tamayo, en la Eucaristía del VI Domingo de Pascua, en la Catedral, el 10 de mayo de 2026. El día de la Pascua del Enfermo, con la participación de la Hospitalidad granadina de Lourdes y retransmitida por La 2 de RTVE.

Queridos hermanos sacerdotes concelebrantes,

Diácono,

Queridos seminaristas,

Queridos hermanos y hermanas,

Queridos miembros de la Hospitalidad de Lourdes y sobre todo,

Queridos enfermos, los que estéis aquí presentes y los que nos seguís desde vuestros hogares, desde los hospitales, a través de la Voz de Televisión Española, del programa El Día del Señor,

Un cordial saludo de nuevo en esta Pascua del enfermo. Acabamos de escuchar, queridos amigos, la palabra de Dios. Como nos dice la propia Escritura Santa, es lámpara para nuestros pasos, luz en nuestro sendero. Ilumina nuestra vida. Pues ella, ¿qué nos dice en este domingo sexto de Pascua? ¿En esta Pascua, en este paso del enfermo? El paso de Cristo por vuestras vidas. Pero al mismo tiempo, como le hemos escuchado, Él no nos deja, Él está a nuestro lado. Está en los cielos, pero está también a nuestro lado. Y está en esa presencia en los enfermos, en quienes les cuidan, en quienes ejercen esa presencia de la caridad cristiana, como lo hace el diácono Felipe yendo a Samaría, hemos escuchado en la primera lectura. Y nos dice que curaba, nos dice sobre todo que predicaba a Cristo, que lleva el Evangelio. Pues, nos ha hecho un relato en los Hechos de los Apóstoles que acabamos de escuchar y nos dice algo muy bonito y muy importante. La ciudad se llenó de alegría. Y es que el Evangelio siempre lleva la alegría del Señor.

No sé por qué a veces hemos puesto un ribete de luto al Evangelio y vamos con caras de apesadumbrados, como si fuese una carga que tenemos que soportar. Como si fuese una cosa de difuntos. El cristianismo, el Evangelio, es anuncio de alegría. De la buena nueva, del Señor resucitado. El que nos libera de nuestros egoísmos, de nuestros pecados, el que nos da la salvación. Y nos da la fuerza también para los sufrimientos, para las dificultades, para las contrariedades.

Por eso, queridos hermanos y hermanas, especialmente me dirijo a quienes trabajáis en el ámbito sanitario. A los médicos, a los enfermeros, a tantas y tantas personas que trabajan en el mundo de la salud, en los hospitales, en los centros de salud, en atención a domicilio, en los visitadores de enfermos por parte de la pastoral de la Salud que visitáis a nuestros hermanos enfermos, le lleváis la alegría del Evangelio. Les lleváis el anuncio de Jesucristo.

Quizá muchos en estos momentos, en muchas casas, al visitar a los enfermos, estáis los ministros extraordinarios de la comunión dándoles y coincidiendo con esta celebración, les dais la comunión a los enfermos. Les lleváis el cuerpo de Cristo. Pues es llevar la alegría. Es llevar al Señor resucitado, que está real y verdaderamente presente en la Eucaristía. Pero, sobre todo, está también en nuestra presencia, en nuestra caridad cristiana.

“Cualquier cosa que hagáis con estos, mis humildes hermanos, conmigo lo hacéis”. Luego, el Señor Resucitado está en su Palabra. El Señor resucitado está en su cuerpo y en su sangre. Y cuánto queremos al Señor en la Eucaristía en Granada. Que son nuestras fiestas. Cuánto queremos al Señor en nuestros sagrarios con esa presencia, o llevarle a los enfermos, o recibirle la comunión.

Pero está también en el más desvalido, el más pobre de los pobres, que es quien se ve en la debilidad humana. Quién se ve ahí, pues nosotros como el buen samaritano… Vosotros, queridos amigos que estáis y trabajáis en el mundo de la salud, los que trabajáis y actuáis como voluntarios en la Pastoral de la Salud y acompañáis a los enfermos, les lleváis a Cristo. Le estáis llevando la alegría, como os decía. El Señor nos pide hoy, a través de la primera carta del apóstol Pedro, que demos razón de nuestra esperanza. La razón más convincente de nuestra esperanza, de cristianos, es que nos queremos. “Mirad como se aman”, decían de los primeros cristianos. También de nosotros. Es el argumentario mejor. La caridad cristiana, la caridad que no es beneficencia, que es la entrega por los demás. Que es esa caridad que nos lleva a amar a los demás viendo en ellos a Jesucristo.

Es el argumentario mejor para transmitir nuestra fe. Porque es poner en nuestro mundo la alegría que quiere el Señor. El amor y la armonía. En este mundo nuestro, tan roto, tan crispado, muchas veces. Adelante. Y los que atendéis a los enfermos, lo estáis haciendo de manera especial, en este mundo en que solo se valora lo que se tiene, muchas veces. Vuestro tiempo, es el tiempo de la presencia de Dios entre los más necesitados.

El Señor nos anuncia ya el Espíritu Santo, el que habita en nosotros. Pero nos ha hecho una advertencia: si amamos a Jesús, hemos de amarlo con obras. Obras son amores y no buenas razones, decimos en el refranero castellano. Pues eso, si alguien me ama, guardará mi palabra, cumplirá mis mandamientos, nos ha dicho el Señor. Mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él.

Jesús nos dice que no nos deja huérfanos. “Yo estaré con vosotros, todos los días hasta el fin del mundo”. ¿Qué realidad son esas palabras y ese saludo litúrgico: el Señor esté con vosotros? Claro que está con nosotros. Está ahora, en esta comunidad. Nunca estamos solos. Luego, que la alegría forme parte del caminar cristiano. Y en esta Pascua del enfermo, le pedimos a la Virgen, “salud de los enfermos”, la invoca el pueblo cristiano… Le pedimos a Nuestra Señora, en este mes de mayo dedicado a Ella, que nos ayude, que conforte a los enfermos, que les dé fortaleza, que los cure, que les dé salud. Y de fuerza y de cariño, también a quienes les cuidan.

Pidamos hoy por los sacerdotes, os lo pido por el Señor. Pedir por nuestros sacerdotes, para que sean fieles, para imagen del gran apóstol de Andalucía, del maestro Ávila.

Ellos también sean pastores conforme al Corazón de Cristo. Esta es nuestra celebración en este domingo. Que vuestra Pascua sea realmente una Pascua del Señor.

 Así sea.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

10 de mayo de 2025
S.A.I Catedral de Granada

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