Comentario al Evangelio en el V Domingo de Pascua, del 10 de mayo de 2026, realizado por el Secretariado diocesano de Pastoral Bíblica de Granada.
En este VI Domingo de Pascua la liturgia nos sitúa en la recta final del tiempo pascual. La Iglesia continúa profundizando en el misterio de Cristo Resucitado y ya se prepara para la venida del Espíritu Santo. Las lecturas nos invitan a descubrir cómo esa presencia se hace real en la vida de la comunidad a través del Espíritu y del amor vivido en lo concreto.
IMPONÍAN LAS MANOS Y RECIBÍAN EL ESPÍRITU SANTO
“La ciudad se llenó de alegría”. Con estas palabras resume Lucas el efecto de la acogida de la Palabra de Dios por parte de los samaritanos. Se trata de la alegría/gozo que proviene de percibir los signos liberadores y sanadores que la acogida del evangelio realiza en las personas. Pero la evangelización no se completa hasta que los samaritanos reciben el Espíritu Santo. La llegada de Pedro y Juan desde Jerusalén y la imposición de manos sobre los creyentes culmina el proceso iniciado.
El texto muestra un itinerario que va desde la escucha hasta la plenitud en el Espíritu, y ese camino se vive en la comunión de la Iglesia. La intervención de los apóstoles es la garantía de que lo que está ocurriendo forma parte de una misma fe compartida. Así, la alegría inicial encuentra su profundo cumplimiento en el don del Espíritu.
RAZÓN DE VUESTRA ESPERANZA
La segunda lectura, tomada de la primera carta de Pedro, presenta un contexto distinto, el de la persecución. El acento recae en la coherencia de vida de quienes ya creen. El autor invita a los creyentes a estar siempre dispuestos a dar razón de la esperanza, es decir, explicar el sentido cristiano de la vida y lo que anima nuestro ser y estar en medio del mundo. A ello añade un matiz, la mansedumbre y respeto han de acompañar siempre el testimonio cristiano.
Esto también ha de hacerse en medio de la dificultad. Pedro muestra cómo el sufrimiento puede convertirse en un lugar de comunión con Cristo. La fe, por tanto, no se mide solo en momentos de entusiasmo, como en la primera lectura, sino también en la capacidad de mantenerse fieles cuando las circunstancias se vuelven adversas.
NO OS DEJARÉ HUÉRFANOS
La lectura del evangelio de Juan es un extracto de los llamados discursos de despedida y nos ofrece una clave de lectura de todo lo anterior. Jesús habla a sus discípulos de la relación de amor que ha de sostener el cumplimiento de sus mandamientos: “si me amáis, guardaréis mis mandamientos”. Se trata de una obediencia que es consecuencia natural del amor. El que ama, vive de otra manera y actúa en función del amor.
En este contexto, Jesús promete el envío del Espíritu de la verdad, al que llama Paráclito. El Espíritu es nuestro intercesor; un defensor que el mundo no conoce. El Espíritu mora en el creyente; es presencia real que le acompaña, sostiene, guía y garantiza la “memoria” de Jesús.
También resuenan especialmente este domingo las palabras de Jesús: “No os dejaré huérfanos”. Jesús promete su regreso y la participación en la comunión con el Padre porque “yo estoy en mi Padre, vosotros en mí y yo en vosotros”. Permanecer en el amor, cumplirlo y vivirlo sostiene la vida cristiana porque es reflejo y participación del amor entre el Padre y el Hijo. El texto parece concluir como se inició, pero con una novedad. La dinámica del amor crece de modo que amar a Jesús es el camino para ser amados por el Padre.
LA PALABRA HOY
Todos sabemos que una amistad nace y crece, pero es necesario cuidarla. Cuando conoces a alguien y conectas con esa persona, al principio, surge una relación que produce alegría. Pero la amistad no se sostiene solo con un buen principio, sino que necesita tiempo, confianza y algo más profundo que la emoción inicial.
La amistad se pone a prueba en los momentos difíciles: malentendidos, distancias, problemas… Ahí es donde se ve si es auténtica. Permanecer, saber dar la cara, mantenerse fiel incluso cuando cuesta, conecta con lo que dice la carta de Pedro y con el Evangelio de este domingo: amar de verdad implica permanecer, respetar y dar razón de la esperanza.
Ignacio Rojas Gálvez, osst
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