Homilía del arzobispo de Granada, Mons. José María Gil Tamayo, en la Eucaristía de la Solemnidad de san Cecilio, patrón de Granada, coincidienco con la celebración litúrgica del Voto de la ciudad de Granada, celebrada el 1 de febrero de 2026 en la Abadía del Sacromonte.
Querido señor vicario general;
señor abad;
miembros del cabildo del Sacromonte;
queridos sacerdotes y seminaristas;
querida señora alcaldesa;
querida corporación de la ciudad de Granada, que estáis presentes;
querida consejera de Fomento;
teniente general, jefe del MADOC;
representantes de la subdelegación del Gobierno;
queridos miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado;
de las Fuerzas Armadas;
también de la Policía Local;
y también, estoy viendo de la Real Maestranza de Caballería de Granada;
queridos hermanos y hermanas en el Señor:
Me da mucha alegría poder celebrar esta fiesta de san Cecilio y acompañaros. Y para mí es un día también especial. Hoy, hace tres años, que inicié mi ministerio como obispo, como arzobispo de Granada, sucesor de san Cecilio, aunque había llegado antes como arzobispo coadjutor, fue el 1 de febrero de 2022, cuando el Santo Padre aceptó la renuncia de mi predecesor, querido don Javier, y pasé yo a ser vuestro arzobispo.
Yo tengo en mi corazón, aunque sin sus méritos, los sentimientos que el apóstol Pablo manifiesta a los fieles de Tesalónica. Sin sus méritos, vuelvo a repetir, pero así, con todo mi cariño a lo largo de estos tres años que he recibido de vosotros y que me sirve esta fiesta para mostraros mi gratitud, mi cercanía y deciros también que os quiero con todo mi corazón. Esta es mi ciudad, estas son mi gente. Aquí, si Dios quiere, moriré. Y pediré al Señor por mi salud, porque estoy buscando la segunda vivienda en Traumatología…. Bueno, fuera de broma, pedid al Señor por mí, por los sacerdotes, por quienes, avivando la fe que trajo Cecilio, a quien el Código Emilianense atribuye en la lista de los obispos de Granada, de Illíberis, de Elvira, Granada actual, atribuye el primero. Él trajo la fe de Jesucristo. Él trajo la fe a nuestro pueblo. Es el mayor regalo, como Pablo reconoce, que ha llevado esa fe al pueblo, a los tesalonicenses. La fe es para nosotros, como nos ha recordado la alcaldesa, algo que forma parte de nuestra identidad cristiana y que no podemos esconder. El pueblo andaluz lo ha pisado de manera especial en la vivencia dolorosa, trágica, del accidente de Adamuz.
Su respuesta no ha sido la de un pueblo laico, sino que ha metido a Dios, con respeto exquisito a quienes no piensan igual, pero sin esconder sus convicciones, hasta el punto que lo hemos visto visibilizado y nos ha llenado de emoción y de dolor, pero, al mismo tiempo, de reconocimiento de que esa fe forma parte de un pueblo y de su identidad, del pueblo de Andalucía. Hemos visto en el funeral en Huelva de esas familias rotas, pero, al mismo tiempo, con la esperanza cristiana en el corazón, compatible con las lágrimas.
Queridos hermanos y hermanas, nosotros no podemos renunciar a nuestras raíces, no quedarlas sólo en las manifestaciones de la religiosidad popular, que, sin esas raíces vivas, en una vivencia cristiana, pues, se quedan vacías, se queda como algo cultural, se queda como algo folclórico. Sino que esa fe, que no se esconde, que no se impone a nadie, que se manifiesta y se transmite de padre a hijo; al mismo tiempo, a mí me llena de emoción cuando me siento en la catedral a recibir las hermandades de hermandades y cofradías, y veo esa larga lista de jóvenes, y de niños y de niñas, que resisten toda una larga caminata de una procesión, pero que llevan, están recibiendo, están mamando la fe de sus padres, sus tradiciones. No las perdáis; que esas son nuestras señas de identidad más profundas, esas son las que en el momento del dolor nos salen al paso, nos dan esperanza. Esas son las que nos hacen sentir a los demás como hermanos y compartir con ellos nuestra propia fe, nuestras propias convicciones. Vuelvo a repetir, con un respeto exquisito a quien no piensa como nosotros, pero tampoco escondiéndonos. La vida pública no es neutra, no es aséptica, no está llena de anticuerpos, porque eso ya es una ideología, sino que forma parte de las personas. Vivimos en un país aconfesional, pero la gente no es aconfesional, la gente tiene sus convicciones, la gente tiene su manera de pensar y, entonces, nuestras manifestaciones no se quedan en la intimidad de la conciencia o en nuestras casas, sino que se manifiestan en nuestra vida pública, nuestra manera de entender la vida, la manera de entender la educación de los hijos, la manera de entender el matrimonio, la familia, la muerte, la vida, el trabajo, nuestras relaciones sociales. Y eso, lo hemos recibido de la fe apostólica, lo hemos recibido y, al mirar para atrás, a los que nos expusieron la Palabra de Dios, siempre recuerdo estas palabras de la Carta a los hebreos: fijaos en el desenlace de su vida, entregaron su vida por la fe (Cecilio y sus compañeros).
Imitad su fe. Nosotros lo hacemos a trancas y barrancas, en una sociedad compleja como la nuestra. Imitad su fe y, sobre todo, el centro que es Jesucristo. Él es el gran protector de Granada Es el gran Señor de Granada. En sus diversas imágenes en las que se nos manifiesta y en las que reconocemos, esa plasmación de la belleza que nuestros artistas y, especialmente, nuestros artistas granadinos, han sabido conjuntar esa tradición con la belleza, con su destreza de artistas y nos han mostrado en esos rostros de Cristo cómo es nuestra fe, cómo ha sido a lo largo de los siglos y se deja en ese semillero de iglesias que ha estado ahí y que, ciertamente, después con la nueva cristianización en el siglo XVI, finales del siglo XV, pero ya en el siglo XVI plenamente y, desde entonces, se ha sembrado de Iglesia. Pero no podemos dejar la fe como una cosa del pasado, como sólo para los momentos solemnes, sino los momentos de nuestra vida.
Vamos a pedirle a Cecilio que nos ayude a ser valientes. A ser valientes hoy, en este ambiente frío, muchas veces, en que parece que se esconde a Dios; en este ambiente donde la fe cristiana se ha convertido en algo tan íntimo, tan íntimo, que no nos atrevemos a imponérnoslo a nosotros mismos. Vamos a ser coherentes. Eso es lo que nos pide la primera lectura tomada del libro de Deuteronomio: el recuerdo a Israel que tiene a Dios, que es el Dios de la Alianza, que es el Dios que le ha sacado de Egipto, que es el Dios que forma parte de su identidad, es el Dios único y Señor y Creador de todo, y que tiene que ser consecuente con esa Alianza, cumpliendo sus mandatos, si no pierde su razón de ser, pierde su gracia.
Vamos a pedir esta coherencia. Y yo quisiera también, y es un atrevimiento, pero es una verdad histórica, que miremos también a san Gregorio Bético. Él, ciertamente, la historia nos apoya, que fue el patrón de Granada hasta el siglo XVI. Y él es uno de los padres de la Iglesia, de los grandes padres y de las grandes figuras del cristianismo de Granada. Él, san Gregorio de Elvira, san Gregorio de Illíberis, san Gregorio de Granada. Su fiesta es el 24 de abril, yo no pido que sea festivo, no quiero dar más festivos que los que tiene el calendario laboral. Pero sí, tenerlo presente y acudir a su protección, sabiendo que el gran protector de Granada es el Cristo de san Agustín, es el Señor. Bueno, pues esto no nos quita el que también no dejemos en el olvido a san Gregorio, un gran escritor, uno de los grandes Padres de la Iglesia. Por supuesto, claro que Cecilio nos trajo la fe. Claro que esos varones apostólicos dieron su vida para traernos las semillas del Evangelio. Pero este pueblo es un pueblo cristiano desde los orígenes.
Vamos a pedirle a la Virgen Santísima, aquí, la limpia de toda mancha, que proclama la historia de esta abadía; que proclama este lugar sagrado para Granada, que Ella, que nosotros la tenemos en esa Imagen de las Angustias tan nuestra, y que es expresión junto con la Eucaristía, esa segunda etapa y definitiva de la presencia cristiana que trajo la Reina Isabel, pues que Ella, la Virgen protectora de Granada, sea nuestra madre y Ella, que confesamos su Inmaculada Concepción, nos ayude a nosotros a ser cristianos como Dios manda.
Y le pedimos hoy, y le pido especialmente por la ciudad de Granada, por sus hombres y mujeres, por sus autoridades, para que haya prosperidad para todos, para que haya concordia, para que haya entendimiento, para que haya progreso, para que no nos quedemos en la cola de nada, sino que tiremos de todo el mundo, para que Granada no sólo mire para atrás, sino trabaje en su presente con la ayuda de Dios y, sobre todo, sea una ciudad esperanzada, con un futuro en que sus hombres y mujeres, sin olvidar sus raíces, con profundidad, miran y trabajan en el presente y miran el mañana, y así lo transmiten a sus hijos.
Que nuestra Granada sea mejor hoy y mañana que ha sido siempre y mirad que ha sido grande. Así sea.
+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada
1 de febrero de 2026
Abadía del Sacromonte
