Comentario al Evangelio en el II Domingo del Tiempo Ordinario, el domingo 18 de enero de 2026, realizado por el Secretariado diocesano de Pastoral Bíblica de Granada.

Las lecturas de este domingo nos ayudan a reflexionar sobre nuestra propia vocación, sobre la misión a la que el Señor nos envía, pero sobre todo a reconocer la identidad de quién es Luz para todas las naciones.

“HIZO DE MI BOCA UNA ESPADA AFILADA” (Is 49, 3. 5-6)
La primera lectura de este domingo nos sitúa en el segundo cántico del siervo de Yahvé, a quién Dios habla para que reúna a todo Israel. El siervo habla en primera persona al presentarse a sí mismo. Él ha sido llamado desde el seno materno, al igual que los profetas, y es pertrechado, atravesado por la palabra de Dios. Hizo de mi boca una espada afilada. Con ello manifiesta la fuerza de la palabra que interpela, que despierta del aturdimiento en el que se encuentra el pueblo.

Este personaje misterioso es llamado a dos misiones: en primer lugar, a convertir y reunir a Israel; y, en segundo lugar, a ser luz de los gentiles, de las naciones. El Señor no quiere que su salvación quede circunscrita a las fronteras de Israel, sino que su

deseo es que llegue hasta el confín de la tierra. Esto desbordaba la lógica de un pueblo que se sabe elegido por el Señor para ser el único destinatario de la salvación de Dios. El profeta Isaías da un enorme paso al proponer que la salvación se extiende más allá de las fronteras de Israel. La comunidad cristiana vio anunciada, en este personaje, la figura de Jesús de Nazaret.

“ESTE ES EL CORDERO DE DIOS” (Jn 1, 29-34)
Este texto del cuarto evangelio parece tener lugar después del bautismo de Jesús. Juan Bautista es ahora quién da testimonio sobre Jesús, que va a ser presentado con el título de Cordero de Dios y como aquel que “existía antes que Juan”, lleno del Espíritu e Hijo de Dios.

La imagen del cordero tenía en la literatura de la época una connotación triunfal, en cuanto que, en los últimos días, este personaje destruiría el mal del mundo. Pero, además, el evangelista, tiene presente, por una parte, el cordero pascual, que libra de la muerte con su propio sacrificio (Ex 12); y por otra, el cordero que lleva sobre sí el pecado de muchos e intercede por sus perseguidores, vinculado al cuarto cántico del siervo (Is 53,7-12).

Ya en el prólogo se nos ha dicho que Jesús es el que existía antes de la creación del mundo y a quien Juan define como: “Viene detrás de mí …existía antes de mí”. Durante el bautismo de Jesús, ha tenido lugar la revelación al ver descender el Espíritu en forma de paloma y posarse sobre Él. Juan termina su testimonio afirmando que el que tiene el Espíritu es el Hijo de Dios. Todo lo que Jesús va a hacer en el evangelio, será bajo la acción del Espíritu. El testimonio de Juan Bautista revela quién es Jesús: Él es el cordero de Dios que vence el pecado, las tinieblas e inaugura una nueva pascua.

LA PALABRA HOY
Al hacer la lectura creyente nosotras/os también podemos vernos reflejados en este siervo de la primera lectura cuando experimentamos la llamada del Señor y descubrimos cuál es la misión a la que nos envía. ¿Estás dispuesto/dispuesta a aceptar la llamada que hoy te hace el Señor?

En el evangelio, Jesús es llamado el Cordero. El Maestro no dejó nunca de ser cordero: manso, bueno, lleno de amor, cercano a los pequeños, cercano a los pobres. Él vino para esto: para perdonar, para traer la paz al mundo, pero antes al corazón. Tal vez cada uno de nosotros tiene un tormento en el corazón, tal vez tiene oscuridad en el corazón, tal vez se siente un poco triste por una culpa… Jesús vino a quitar todo esto, Él nos da la paz.

Mariela Martínez Higueras, OP.

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