– Saludo a las autoridades presentes.

– Un año más en circunstancias especiales de dolor y sufrimiento, de palpar las consecuencias sanitarias y socioeconómicas del COVID-19 con sus restricciones, celebramos la fiesta de nuestro santo patrón San Segundo, varón apostólico, discípulo del apóstol Santiago y enviado a Hispania por S. Pedro y, según la tradición abulense, primer obispo de esta ciudad. Su sepulcro, descubierto en 1519 propicia el gran homenaje de la ciudad y la construcción de su magnífica capilla y memorial, así como el agradecimiento festivo y la oración de la ciudad a quien es su patrono y protector.

– Un recuerdo especial y oración para los 8 enfermos de COVID-19 ingresados en la UCI del Complejo Hospitalario N.S. de Sonsoles, así como a los miles de enfermos afectados por esta pandemia y, sobre todo un recuerdo y oración a quienes nos han dejado y a sus familias. Y, por supuesto un recuerdo y reconocimiento agradecido hecho oración por los que nos han cuidado y nos cuida desde el personal sanitario a todos los servidores públicos).

Un santo nos es un adorno para la ciudad o un personaje fundacional insigne que se nos pierde en la noche de los tiempos. Un varón apostólico nos trae permanente a la memoria nuestra responsabilidad de Iglesia antigua y apostólica que se enraíza con los comienzos del cristianismo en España. No es sólo para mirar con orgullo al pasado. Es para redescubrir y valorar nuestra historia y cultura cristiana como abulense que tiene grandes gigantes de santidad como nuestra Teresa de Jesús, S. Juan de la Cruz, san Pedro Bautista o nuestros mártires de la fe del siglo pasado. ES para mirar el presente y el futuro con las fuerzas e inspiración que nacen precisamente de la fe cristiana, del Evangelio. Para vivir sin complejos con coherencia cristiana. Vivir y pensar en cristiano en esta sociedad nuestra del siglo XXI.  Nuestro santo es patrón, modelo por ello, y también intercesor.

NOSOTROS TAMBIÉN ESTAMOS LLAMADOS A LA SANTIDAD, como nos recordaba el Papa Francisco en su Video-mensaje al Congreso Santa Teresa Mujer excepcional. Ávila: “Decimos que no estamos viviendo una época de cambios, sino un cambio de época[6]. Y en este sentido, nuestros días tienen bastantes similitudes con los del siglo XVI en que vivió la Santa. Como entonces, también ahora los cristianos estamos llamados a que, a través de nosotros, la fuerza del Espíritu Santo siga renovando la faz de la tierra (cf. Sal 104,30 Vlg), en la certeza de que en el último término son los santos quienes permiten que el mundo avance aproximándose a su meta definitiva.

>>Es bueno recordar la llamada universal a la santidad de la que habló el Concilio Vaticano II (cf. LG 39-42). «Todos los cristianos, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección del amor. Esta santidad favorece, también en la sociedad terrena, un estilo de vida más humano. Para alcanzar esta perfección, los creyentes han de emplear sus fuerzas, según la medida del don de Cristo, para entregarse totalmente hasta la gloria y al servicio del prójimo» —así el número 40 de la Lumen Gentium—. La santidad no es sólo para algunos «especialistas de lo divino», sino que es la vocación de todos los creyentes. La unión con Cristo, que los místicos como santa Teresa experimentan de forma especial por pura gracia, la recibimos a través del Bautismo. Los santos nos estimulan y nos motivan, pero no están para que tratemos literalmente de copiarlos, la santidad no se copia, porque hasta eso podría alejarnos del camino único y diferente que el Señor tiene para cada uno de nosotros. Lo que interesa es que cada creyente discierna su propio camino, cada uno de nosotros tiene su camino de santidad, de encuentro con el Señor”.

– Cristianos auténticos, sin complejos y transformadores del mundo, servidores de los demás. No guardad el cristianismo en la vida privada sin más ni en costumbres solo externas que pierden su valor a estar vacía de la vida y sentido que las respalde e informe.

– NUESTRO SANTO TAMBIÉN ES INTERCESOR ANTE DIOS Y PROTECTOR DE NUESTRA CIUDAD.

Necesitamos muchas cosas como ciudad. No estamos en el mejor de los momentos por la crisis y, reconozcámoslo sin maquillajes o componendas de lo políticamente correctos. Tenemos carencias endémicas y Dios no quiera que irreversibles. Vivimos una desigualdad territorial innegable por mucho maquillaje de orgullo histórico que le echemos encima y necesitamos más que nunca de olvidarnos de recelos o divisiones ideológicas que nos debilitan y enfrentan. Estamos obligados necesariamente a la unidad  y a la cohesión, a la predisposición imprescindibles para trabajar juntos, atentos a las necesidades de nuestros ciudadanos y hermanos y cada uno personal o desde su función con otros dar respuestas para buscar el bien común de todos. No podemos permitirnos rencillas de corral por muy legítima que pretendamos que sean. No es tiempo de buscar el propio interés personal o colectivo, ideológico o partidista. ¡Estemos en lo común, especialmente para no dejar a nadie atrás y porque tenemos tanto que remediar en el futuro próximo! 

Para esto pidamos la protección de nuestro patrón San Segundo, pero pasemos antes que nada a tomar el camino del diálogo para la vida social y política diálogo hasta la extenuación, como nos aconsejaba el papa Francisco en la entrevista privada que nos concedió el 17 de diciembre en que le hablábamos de los problemas concretos de envejecimiento y despoblación de nuestra ciudad de Ávila y su provincia.

Miremos al futuro con esperanza y aprendamos de la lección y consecuencias que nos ha dejado esta dura crisis. Somos dependientes de Dios y de los demás. Vayamos unidos y tendremos un gran futuro que empieza por el presente. Que Nuestra Señora la Virgen de la caridad, S. José y nuestro San Segundo nos ayuden. Seguro que sí.