Venezuela celebra cada 11 de septiembre la festividad de su patrona, la Virgen del Coromoto, una devoción latente en el corazón del pueblo venezolano que venera a la Virgen en su tierra natal y allí donde se encuentre. Por ello, miembros de la comunidad venezolana en nuestra diócesis se congregaron ayer domingo, día 11, en la parroquia de San Juan María Vianney para celebrar este día unidos a la feligresía granadina de la parroquia y también de otros países de América latina.

La Misa estuvo presidida por D. Francisco Javier Espigares, Vicario general y párroco de San Juan María Vianney. También concelebraron D. Hermes Moreno, vicario territorial y natural de Venezuela, D. Bruno D´Andrea, misionero en Venezuela durante 7 años y actualmente responsable del teologado agustino recoleto en Granada, junto a D. Alexis Franco, diácono permanente en nuestra diócesis también de origen venezolano.

Entre los asistentes también había miembros de distintas congregaciones religiosas y comunidades en la diócesis como los Agustinos recoletos, Verbum Dei, del Carmelo, entre otras.

UNIÓN E INTEGRACIÓN BAJO EL MANTO DE MARÍA

“Hoy la iglesia ensancha su tienda para abrirse a Hispanoamerica, hija de España, y “madre patria” para los hispanos. Es el cuarto año que celebramos esta festividad importante para celebrar la unión y la integración. Queremos daros las gracias por todo lo que nos dais, la riqueza cultural, la juventud, la viveza en la vivencia de la fe que necesitamos, vuestras necesidades también nos hace salir de nuestro espacio de confort. Gracias por haber elegido España y Granada”, afirmó durante su homilía D. Francisco Espigares.

Asimismo, añadió: “Estamos juntos hoy, nos sentimos unidos por las misma raíces históricas, por la misma Iglesia, un mismo Dios y una misma Madre, en la advocación de la Virgen del Coromoto, ella que aglutina a un pueblo entorno al Señor, mostrándonos cómo Dios nos busca, sale a nuestro encuentro, acorta las distancias y nos muestra el afán de Dios por buscar al hombre perdido”.

Al término de la Eucaristía todos los presentes entonaron el himno dedicado a la Virgen del Coromoto y tuvo lugar la celebración de un almuerzo fraterno en los salones parroquiales.

APARICIÓN DE LA VIRGEN DE COROMOTO

Cuando la ciudad venezolana de Guanare fue fundada, en 1591, los indígenas que habitaban en la región, los Cospes, huyeron hacia la selva en el Norte de la ciudad dificultando la evangelización que la iglesia Católica había emprendido.

Un día de 1652, el cacique Coromoto y su mujer atravesaban una corriente de agua y vieron una Señora de extraordinaria belleza que les dijo en su idioma: «Vayan a casa de los blancos y pídanle que les eche el agua en la cabeza (el bautismo) para poder ir al cielo».

Varios de los indios recibieron el bautismo, pero el cacique se resistió a esta presencia hasta que la Virgen volvió a aparecerse 8 de septiembre de 1652, en su casa, en presencia de sus familiares, rechazando también las palabras de la Virgen dejando ella una reliquia como signo de su aparición, un pergamino con su imagen.

El cacique Coromoto huyó a la selva, donde fue mordido por una serpiente venenosa. Entonces se convirtió y comenzó a pedir el Bautismo. Al bautizarse se convirtió en apóstol. Así los indios Cospes formaron una comunidad de fieles muy fervorosa

María José Aguilar
Secretariado de Medios de Comunicación Social