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San Silvestre Gozzolini

Junto a Fabriano, en el Piceno, san Silvestre Gozzolini fue abad y a la vista de la sepultura abierta de un amigo fallecido se retiró al eremo. En un lugar apartado próximo a Montefano, trazó las bases de la Orden de Monjes Silvestrinos, bajo la Regla de san Benito.

San Silvestre, que nació en 1177 en Ósimo de una noble familia, fue canónico allí mismo. En 1227, a raíz de la muerte de un amigo de la vanidad de la vida, y abandona el mundo para llevar vida solitaria en una cueva, en Grottafucile, en los Apeninos de Las Marcas.

Pero, como suele suceder a los santos eremitas, al poco tiempo se le comenzaron a unir discípulos que querían imitar su vida y se guiados por él. De tal modo que en 1230 decide trasladar la comunidad a Monte Fano, cerca de Fabriano, y adoptar para su comunidad la regla de San Benito.

La fundación no tardó en ser aprobada, lo hizo el papa Inocencio IV en 1247; sin embargo, ya para ese momento había doce casas de los «silvestrinos», que se distinguían por su pobreza, abstinencia y riguroso ayuno, unidos a la predicación en los alrededores y la escucha de confesiones.

Del santo fundador habla SS Juan Pablo II en el discurso a los silvestrinos reunidos en capítulo general en 2001: «injertó una nueva congregación en el árbol fecundo de la Orden benedictina. Silvestre, alma contemplativa y deseosa de coherencia evangélica, se hizo ermitaño practicando una ascesis rigurosa y madurando una profunda y vigorosa espiritualidad. Para sus discípulos eligió la Regla de san Benito, pues quería formar una comunidad dedicada a la contemplación que, a pesar de ello, no descuidara la realidad social de su entorno. En efecto, él mismo unía al recogimiento el ministerio de una estimada paternidad espiritual y el anuncio del Evangelio a las poblaciones de la región.»

 

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