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Signo y Gracia
12 de noviembre de 2023
Nº 1489 • AÑO XXXI

El Simbolismo del Cuerpo

Ritualización del sistema cultural

“El rito puede ser un dispositivo cautelar instituido para delimitar cuidadosamente las circunstancias, los tiempos, los lugares en los que se mueven las personas, evitando confusiones”.

Las acciones simbólicas tienen una dimensión social. No podría ser de otro modo, supuesto que el hombre es un animal social. A pesar de que los símbolos no son convencionales, sino que pertenecen a la naturaleza de la realidad, tienen que integrarse dentro de un sistema cultural. Nunca son totalmente espontáneos.

Un sistema cultural es un cosmos de significantes para interpretar las experiencias de los hombres de esa cultura. Sobre la base de la naturaleza, cada cultura articula un conjunto de símbolos y los ritualiza, dándoles una dimensión regulada y repetitiva.

“El rito puede ser un dispositivo cautelar instituido para delimitar cuidadosamente las circunstancias, los tiempos, los lugares en los que se mueven las personas, evitando confusiones”. En un contexto ritual el hombre y la mujer se pueden dar un beso que fuera de lo ritual resultaría improcedente. En las gradas del estadio se puede gritar de una manera que fuera del estadio se consideraría una grosería imperdonable. “Este marco es un cauce que canaliza y aprovecha energías y evita las extralimitaciones y el desorden”.

Según la interpretación freudiana, rito es el gesto reiterado, obsesivo, realizado con vistas a descargar un estado de angustia. Lavarse las manos compulsivamente, morderse las uñas, fumar. Es un acto reductor de la tensión psicológica, que se repite continuamente de un modo rígido, para defenderse de un deseo poderoso que nos produce un miedo profundo. Se defiende uno retornando a los orígenes, a la infancia, a lo totémico. Ese gesto protector y enmascarador ahuyenta el objeto deseado, pero al mismo tiempo lo acerca no en su realidad sino en forma de sustitución o sucedáneo. Pero este rito impide la madurez, nos paraliza en el pasado.

Freud era muy enemigo de los rituales. Para él ritual era una máscara que debía ser arrancada. Ofrecía un refugio al hombre para que no tener que analizar sus sentimientos más profundos ni enfrentarse con ellos.

Puede ser que en ocasiones muchos grupos hayan distorsionado los ritos para hacer de ellos repeticiones mecánicas que impiden crecer. Pero hoy hay toda una escuela psicológica que, siguiendo a Erikson, hacen un análisis positivo de la génesis de la ritualización.

En la escuela de Erikson, las formalizaciones de la experiencia y de la conducta que tienen lugar en los rituales, contribuyen al desarrollo de la identidad propia, sobre todo de cara a contextos sociales que cambian con rapidez. En la comprensión de los rituales religiosos hay primerísimas experiencias biográficas y conductas cotidianas. La expresión ritual ayuda a construir el sentido maduro de identidad y a superar el narcisismo. Hace madurar la relación con los otros, fortalece y cohesiona el yo y le ayuda a autoafirmarse.

Frente a la interpretación freudiana, la interpretación fenomenológico-existencial considera que el rito es “la expresión con toda la persona, incluido su cuerpo y su entorno, de una impresión profunda, es decir de la profundidad última del hombre, de su finitud religada a la trascendencia”. Integración unificadora respecto al fondo de sí mismo de los estratos, etapas y tiempos. Se realiza una dilatación insospechada. Remembranza y memorial y anticipación. De ahí la importancia para la madurez de la persona y su integración, y el desequilibrio que produce la desaparición o trivialización de los ritos. Si bloqueamos lo simbólico y ritual hay el peligro de una vida atomizada.

Ignacio Fernández González
Sacerdote Diocesano