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Signo y Gracia
8 de enero de 2023
Nº 1452 • AÑO XXXI

Pueblo de Dios

El modelo catecumenal de iniciación

Se trata de una cuestión vital para la Iglesia, cuya misión fundamental consiste en generar nuevos hijos que puedan participar en plenitud de los bienes del Reino de Dios.

Una de las constataciones más descorazonadoras es que, en realidad, muchos niños catequizados y sacramentalizados, no han sido de verdad evangelizados. Se les ha transmitido unos contenidos, pero no se ha convertido su corazón. Se les ha hablado de Cristo, pero no han vivido la experiencia de un encuentro con Cristo. Se ha indoctrinado su mente, pero no se ha implicado la persona. Se ha discutido o dialogado sobre casi todo, pero no se ha transmitido y alimentado la fe. El problema que se plantea, por tanto, no es sobre todo el de organizar una catequesis, sino el de hacer posible que aquellos a los que catequizamos lleguen a ser verdaderos cristianos. El problema es cómo hacer nacer una fe que sea una fe viva, como llegar a hacer un cristiano. Se trata de una cuestión vital para la Iglesia, cuya misión fundamental consiste en generar nuevos hijos que puedan participar en plenitud de los bienes del Reino de Dios. Y esto exige, en efecto, poner en práctica la nueva evangelización; pasar de una pastoral sacramentalista y de conservación a una pastoral evangelizadora y de conversión; preocuparse y ocuparse más de en una acción que atiende a la misión integral (palabra, culto, caridad, comunión), que en una acción polarizada en un solo aspecto; tomar en serio la iniciación cristiana más como un proceso total por el cual se hace posible “venir a ser cristiano”, que como un rito puntual a partir del cual ya podemos decir que “tenemos un cristiano”.

Ahora bien, para realizar este cambio la Iglesia nos propone hoy volver a recuperar el modelo catecumenal de iniciación, que ella misma puso en práctica durante los primeros siglos. Es ese modelo que, nacido en un contexto de paganismo parecido en muchos aspectos al actual, propone como elemento esencial de la iniciación el catecumenado, como camino o itinerario distendido en el tiempo, que integra de modo equilibrado los elementos que van transformando la persona (palabra, símbolo, acción, comunión) por la conversión y la fe, a la vez que la van introduciendo en el misterio de Cristo y de la Iglesia, cuya expresión culminante se encuentra en la celebración del bautismo, la confirmación y la eucaristía. Es preciso, por tanto, que la iniciación asuma la forma de catecumenado, en orden a transmitir no solo una “doctrina cristiana”, sino sobre todo una experiencia y una vida cristiana que permanezca como sentido fundamental de la peregrinación personal y comunitaria en esta tierra. Estos planteamientos han sido asumidos ya por no pocos obispos y sacerdotes. Pero falta el impulso y los medios para ponerlos en práctica. Y esto supone “que más que un reajuste de la iniciación, se proceda a una revisión a fondo; que se prosiga el camino de renovación pasando de una simple catequesis al proceso global de iniciación del que la catequesis es solo una parte; que esta revisión se haga recuperando el puesto de la comunidad cristiana cual seno materno que engendra en la fe; que se produzca una verdadera conversión pastoral”.

Ignacio Fernández González
Sacerdote Diocesano