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Signo y Gracia
10 de julio de 2022
Nº 1430 • AÑO XXX

Los sacramentos de la humanidad de Cristo

La vida sacramental

En no pocas ocasiones, como cristianos, no comprendemos de una manera más amplia y completa sobre el por qué y la práctica de los sacramentos, de manera que esta ignorancia nos lleva muchas veces a despreciar, por así decirlo, tales dones.

Sin culpar a nadie, pero tanto es responsabilidad de los mismos cristianos, que no pertenecen a la jerarquía, como a la misma jerarquía, de manera que no se ha accedido de una manera adecuada a la formación de los creyentes y a su vez, el poco interés de los creyentes al respecto. Esta falta de formación crea muchas carencias en la vida de fe, pues no se ama lo que no se conoce y para amar, dichos sacramentos, debemos de conocerlos aunque sea de una manera general. De ahí que, ya la práctica sacramentaria en la Iglesia no será un funcionalismo sacramental, por miedo a perder algo, sino más bien, porque es el mismo Dios el que se nos da por medio de ellos, los cuales, traen consigo la verdadera libertad de los hijos de Dios. Si en ellos se posee dicho bien, los creyentes entonces debemos acceder por tales bienes. No como un mero compromiso cumplidor de la norma, sino de aquello que me permite un encuentro personal, auténtico y verdadero con el Dios de la vida, Jesucristo, Señor nuestro. Vale la pena acceder, pues no se arrepienten aquellos que lo poseen.

EL SACRAMENTALISMO DEL HOMBRE PRIMITIVO
Las llamadas de Dios al hombre primitivo pueden ser imprecisas y ambiguas, pero al mismo tiempo vigorosas. Puede ser, que alguna vez, la hierofanía le conduzca a un conocimiento más personal de Dios; pero, de ordinario, no le hará sino sospechar y barruntar la real existencia del Ser Supremo, como algo que supera los límites de la criatura.

El hombre religioso capta muchas sugerencias de lo trascendente ante el universo. Todo el cuerpo de la creación es como una inmensa arpa que en diferentes tonalidades nos descubre la realidad de Dios. En esa actitud, el hombre es capaz de responder a Dios. Se siente la llamada de lo superior, en su intimidad escucha algo que le sugiere la presencia de los sagrado. Ciertas realidades se le presentan con la fascinación de una teofanía. En esa actitud, el hombre es capaz de responder a Dios. Su respuesta supone una apertura a lo Eterno, lo Insuperable, lo Magnífico. Muchas veces todo ello estará mezclado y confuso con errores morales y doctrinales, pero el hombre que actúa con esa intención abierto a Dios y a lo sagrado, siempre descubrirá a su Señor.

El cristianismo occidental se halla situado dentro de una civilización que durante siglos ha combatido el sentimiento frente a la razón, dentro de una cultura muy dada al conceptualismo racionalista. El cristianismo occidental, a veces, ha tenido el falso juicio de que su religión, con sus sacramentos, es un hecho positivo y absolutamente original del querer de Dios; un sí porque sí y no más. Eso es inauténtico. Quien mira los sacramentales como una estructura totalmente original, se equivoca. La economía de los signos cristianos, admitida su vinculación a la revelación, es algo que se conecta radicalmente con el ser encarnacionalista del hombre religioso.

Ignacio Fernández González
Sacerdote Diocesano