21 de junio de 2020
1336 • AÑO XXVIII

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Libro de Actas de 1945

Padres redentoristas, predicadores de la misión

Reproducimos el texto de la nota manuscrita por el P. Sarabia del Libro de Actas misionales de los Padres Redentoristas, predicadores de la Misión de 1945, posteriormente a la consagración de la diócesis de Guadix al Sagrado Corazón de Jesús.

Misión de Guadix. Provincia de Granada. Población de 20.000 almas. Predicaron los PP. Sagredo, Sánchez, Vélez, Sáenz, Yarza, Sainz, Faus, Baltasar Mayo, Flores y cuatro sacerdotes seculares de la misma diócesis. Se establecieron siete centros misionales. Duró del 29 de mayo al 10 de junio. Asistencia por la mañana 3.500 personas y por la noche 8.500. Hombres: 500 y 2.500 respectivamente. Reuniones particulares: niños 2.700; doncellas 1.100; mujeres 1.025; hombres 1.450. Reunión extraordinaria con motivo de la consagración de la diócesis al Sagrado Corazón 17.000 personas. Se confesaron 2.000 niños; 4.800 mujeres; 2.300 hombres, subiendo las comuniones todas a 20.000. Se bautizaron 40 y se realizaron 200 matrimonios.

Padre Sarabia
San Alfonso hace de las Misiones los más grandes elogios. Pero él, que es y puede ser llamado Doctor de Misiones por lo mucho y bien que escribió sobre este tema, exige que tengan tres condiciones: Que se den por suficiente número de Misioneros, que duren suficiente número de días, que se den en suficiente número de iglesias.


Dar una Misión en una iglesia que apenas puede contener 1.500 personas, cuando la parroquia tiene de diez mil almas para arriba, afirma él que es casi inútil, y que en todo caso no hay que esperar de ella los maravillosos frutos que es dado esperar de las misiones genuinas.

Dos locuras

El Prelado de Guadix determinó dar la Misión del 29 de mayo al 10 de junio. Quiso, además, que se diera en siete centros misionales a la vez.

A fines de mayo y comienzos de junio, los días son largos, las noches cortas. Habrá que hacer los ejercicios misionales a horas muy altas de la noche y a horas muy matutinas de la mañana ...

¡Una locura!

Además, Guadix es famosa por sus huertas y por su vega. En esta época del año los trabajadores están muy atareados. ¿Arrancarlos de sus faenas para llevarlos a la Misión? Otra locura.

Por mucho que quieren estirar el número de habitantes de Guadix, no tiene esta ciudad más de 16.000 almas en el casco de la población. Hasta ahora se predicaron siempre las Misiones en la catedral, y casi siempre sobraba catedral ¿Llenar ahora nada menos que siete templos, y casi, todos ellos, además de la catedral, anchos y espaciosos? Confesemos que a primera vista parecía tremenda locura.

Añádase a esto que esta ciudad no se ha distinguido por su fervorosa piedad. Los sacerdotes más eminentes confiesan que los domingos escasamente van a Misa 2.800 personas. Las que cumplen con la ley de la penitencia pascual son todavía mucho más reducidas.

Yo soy viejo en esto de Misiones, y confieso que fui el primero que expuse al Prelado que me parecía que no era la época mejor para alcanzar de la Misión el fruto que teníamos derecho a esperar. Además, la Misión tenía que durar catorce días, por lo menos trece. Y he ahí otra cosa que a mí me parece muy bien, pero a muchos parecerá otra locura.

En busca de Misioneros

Los buscó el señor Obispo, y desde el primer momento determinó, para mayor unidad, que fueran todos de la misma Orden religiosa. Escogió a diez Redentoristas. A ellos quiso que se juntaran cuatro sacerdotes seculares de su clero, que ya estaban prácticos en este apostolado. Todos ellos, bajo una sola dirección y bajo la presidencia del señor Obispo, podían realizar maravillas. En el casco de la ciudad urbanizada hay cuatro parroquias: el Sagrario, en la catedral; Santiago, Santa Ana y San Miguel. La catedral, si no es de las mayores, es suficientemente amplia para unos 3.000 oyentes. Las otras tres iglesias son grandes. A tres kilómetros de la ciudad está la estación, con un barrio en el cual viven los ferroviarios y otros obreros. Serán mil y doscientas almas.

Pero lo característico de esta ciudad son sus cuevas. Se hallan en la ladera del monte, y quizás no bajen de 700. Total, que allí tienen su nido unas 4.000 almas. De los cuerpos sólo diré que son oscuros, como carne gitana, y andan por lo general cubiertos con vestidos muy pobres. Y no pocos andan harapientos, y, sin embargo, ¡si vieran ustedes qué buenos sentimientos tienen y qué moralidad reina! Muchos ricos pueden aprender de ellos grandes lecciones de caridad y virtud. Para todas esas cuevas sólo hay una ermita. ¿Oyen Misa estas pobres gentes? Muy pocas. ¿Cómo van a ir a misa si sus vestidos caen a pedazos? Tienen vergüenza de mezclarse con el mundo ciudadano, tan limpio y tan elegante. Nadie los quiere. ¿Cómo querremos que ellos quieran a los demás? La Misión tenía que darse a todos. Por eso dos Padres Redentoristas se encargaron de los ferroviarios; ocho de las cuatro parroquias situadas en la población y, cuatro sacerdotes tendrían que entendérselas con las gentes de las cuevas al aire libre y en plena calle.

¿Asistió la ciudad?

Quiso Dios que tomara parte en las grandes Misiones que en estos últimos tiempos se han predicado. Creo que en ninguna la concurrencia fue mayor que en esta de Guadix. Fue admirable la de Sevilla y no menos maravillosa la de Orense: no fue a la zaga la de esta ciudad. Y hasta repito que superó a todas. Casi me atrevo a decir que mejor no podía ser. ¡Si asistía toda la ciudad! ¿Cuándo se dijo otro tanto?

Sobre todo, ya desde la tercera noche, se podía calcular exactamente que en todos los centros misionales la asistencia era por lo menos de 9.000 personas. Sólo quedaban en casa los que por fuerza en ella tenían que quedar y muy pocos de esos que parece que llevan el signo de la bestia en su alma. Aquellos pobres y desharrapados que viven en cuevas y andan medio desnudos acudían casi en masa. Una noche se juntaron los de las Cuatro Veredas y los de la Ermita. Se daba la Misión ante la ermita y en una gran plaza. El espectáculo era admirable. Pasaban los oyentes de los 5.000, y creo que me quedo muy corto. Dígamelo a mí, que tuve que desgañitarme, porque el micrófono no funcionaba, y díganselo al señor Obispo, que estuvo dos días con la garganta hinchada por los esfuerzos que tuvo que hacer para que le oyera aquel público inmenso. Pero oyeron con la piedad más grande y el silencio más absoluto. En cuanto a los ferroviarios, diré que dieron la nota del entusiasmo religioso, y en esto decid por todas partes que no fueron a la zaga de nadie. ¿Admirable? ¿Sorprendente? Sí, pero exactísimo. Una tarde se reunieron más de tres mil niños, los que por la mañana habían comulgado. Los niños de la estación se presentaron con cuatro carrozas, bellamente adornadas y cargadas de niños y de hombres. Por la noche, a la Misión no faltaban sino los que por necesidad tenían que faltar. Y hubo ferroviarios que saltaron del tren, fueron a comulgar y volvieron a subir a la máquina. Ellos fueron, con los pobres, los que más alegría dieron al corazón del Prelado y al Corazón de Jesús. La Misión los había puesto al rojo del fervor

La comunión general

Si la comunión general es la medida del fruto de una Misión, los datos exactísimos que tengo a la mano y que vieron mis ojos, me están predicando la grandeza de esta Misión dada según los cánones purísimos de S. Alfonso.

Hay en Guadix una famosa alcazaba. Hoy es patio del Seminario. Tiene seis mil metros cuadrados. El día del Sagrado Corazón, por la mañana, a las siete, ya estaban allí reunidos y magníficamente organizadas catorce mil personas. Todo Guadix estaba allí, pero dicho sin ninguna hipérbole. Veinticuatro sacerdotes dieron la comunión. Subieron las comuniones esa mañana a cerca de ocho mil. Calculad que unas tres mil habían comulgado los días anteriores y que no pudieron repetir la comunión por causas diversas. Y otra vez tenemos un fruto admirable de esta Misión, sobre la cual el divino Corazón de Jesucristo volcó sus gracias.

La consagración al Corazón de Jesús

El día del Corazón de Jesús puede decirse que toda la diócesis tenía vueltos los ojos a aquel divino Corazón que se alzaba sobre lo más alto de la torre de la catedral. Noche y día, trenes y camiones llevaron a la ciudad miles de peregrinos. Pero fueron muchos más los, que tuvieron que quedarse en sus casas y en sus pueblos por no haber suficientes medios de locomoción.

A las nueve y media de la tarde, cuando entraba en la alcazaba el Obispo acompañado de todas las autoridades civiles y militares, presididas por el Gobernador de la provincia, pudieron ver desde lo alto del altar veinticuatro mil personas, que, encuadradas con orden admirable, llenaban la inmensa alcazaba.

Y eso es lo de menos. Lo demás era la alegría de las caras y el entusiasmo de todos aquellos miles y miles de corazones. ¡Y cómo cantaban aquellos millares de peregrinos! Los siete centros misionales habían enseñado las mismas canciones y habían formado un orfeón inmenso. Cuando aquellos miles de gargantas cantaban el “Bendito, bendito, bendito sea el Señor”, aquello no era un pedazo de tierra; era un cachito de cielo.

Habló el Prelado entre ovaciones delirantes. Se expuso a Su Divina Majestad. El Obispo leyó la consagración de la diócesis al Corazón de Jesús. Estallaron los cohetes de una, enorme traca. Resonaron las canciones y los vivas entusiastas. Todo esto se dice muy 'pronto, pero la realidad sólo la podremos apreciar los que llevamos en la retina de los ojos el retrato de aquellos momentos sublimes.

En la estación

¿Terminó así la Misión? No. Duró hasta el domingo por la tarde, día 10. Esta tarde, no menos memorable, todos los centros misionales, después de haber celebrado sus respectivas solemnidades, se pusieron en marcha a la estación.

Era la fiesta de los ferroviarios. 'Avanzaban la 'cruz y la estatua del Sagrado Corazón en carrozas magníficas. Las máquinas estaban engalanadas. Sonaban las sirenas. Los ferroviarios desfilaban' serios y graves, con la fe de nuestros 'padres. Los rodeaba una multitud inmensa: todo Guadix.

La, despedida de los Misioneros. ¡Y al tren! Aquello fue sin exageración apoteósico, nunca visto. ¡Locuras sublimes de la fe! Y allí se quedó una ciudad sumida en duelo por la marcha de sus apóstoles, pero una ciudad removida por la gracia de Dios y santificada por la Misión. Allí se quedaba Guadix saturada de palabra de Dios.

Almas alimentadas por la Eucaristía, muchos millares, casi la ciudad en masa. Matrimonios santificados por unión santa, algunos centenares. Corazones removidos por la caridad y ofreciendo amor a sus enemigos, muchísimos. Cristianos resueltos a seguir a Cristo por la senda de la fe, y por observancia de su divina ley, casi todos. La bandera de la cruzada contra la blasfemia y la profanación de las fiestas, desplegada al viento con aires de triunfo.

El Obispo piensa, dar la Renovación el año próximo.: Vendrán catorce misioneros redentoristas y en todas las 'casas será entronizado el Sagrado Corazón. ¿No es éste el triunfo genial del pensamiento de San Alfonso?

Y luego Misioneros recorriendo sin cesar la pequeña diócesis. Sueños de un verdadero apóstol de Jesucristo.

P. SARABIA C. SS. R.
Revista misionera
. Septiembre 1945. Nº 22.